Arder en celo por el reino de Dios

por | Ago 11, 2022 | Formación, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús no puede sino arder en celo por el reino de Dios.  Pues ha venido para proclamarlo, iniciarlo y llevarlo a pleno cabo.

En muchos lugares, no terminan de arder en incendios los árboles, las casas y otras cosas.  Nos dan lástima, por supuesto, la muerte, la pérdida y el daño que causan esos incendios.  Y para consolarnos quizás nos decimos que no hay mal que por bien no venga.  Pues, de verdad, los incendios forestales, por ejemplo, no dejan de traer beneficios.

Y, por lo visto, también pueden llevar los incendios a que se reflexione en serio sobre el ser cristiano.  Y la reflexión que resulta se asocia, sí, con lo que nos dice Jesús hoy.

Hoy, le oímos decir:

He venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!  Tengo que pasar por un bautismo, y ¡qué angustia hasta que se cumpla!

Pero dicen unos que el texto griego no se ha de rendir, en español:  «¡Ojalá ya estuviera ardiendo», sino:  «¡Qué más quiero, si ya se ha prendido!».  No, no se nos queda claro si el fuego está aún por arder o ya no deja de arder.

Se dice también que habla Jesús como profeta.  Es por eso que lo que dice él es claroscuro (Comentarios al evangelio 1).  Esto quiere decir que sus dichos atraen y espantan a la vez.  Y se les graban en la mente a los que los oyen y les hacen ponderarlos para captarlos.

Y se ve Jesús con mucha ilusión, emoción, pasión, celo, motivación.  No solo no tiene él miedo al bautismo, a la muerte; no puede esperar hasta que se cumpla.  Es como si él gritara, jadeara y resollara al igual que una mujer cuando da a luz.

Arder or no arder de celo, ésa es la cuestión.

Dice también Jesús:  «¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?  No, sino división.».  No, no dice él que nos será fácil seguirle hasta el fin, hasta entregar el cuerpo y derramar la sangre.  Y él, la «Señal de contradicción», nos dice la verdad, para que estemos listos para hacer frente a los conflictos.  Pues, de verdad, ser veraz, al igual que Jeremías, y hacer el bien es exponerse a conflictos (SV.ES I:143).

Pero también nos dice Jesús la verdad para que nos decidamos.  Lo mismo hicieron Moisés, Josué y Elías con Israel.

Sí, Jesús exige que nos decidamos.  O seguirle nosotros y arder con él en celo para que nos transformemos de forma profunda y total.  O instalarnos y quedarnos tibios, contagiarnos con el «vicio de los eclesiásticos» (SV.ES VIII:100) y el clericalismo, hacernos una Iglesia de museo.

¿Buscar nosotros primero el reino de Dios, y procurar la justicia, la misericordia, la fe, la unidad, la paz?  O, ¿agobiarnos por sobrevivir?  ¿Por lograr la gloria de este mundo y acabar vanos, vacíos, atados aún por el pecado?

¿Cuál, pues, vamos a escoger?  ¿Estamos a la altura del reto de Jesús?

Señor Jesús, haznos arder en celo por el reino de Dios y recibir tu cáliz y tu bautismo.  Ábrenos los ojos y el corazón para que captemos que la saciedad está en tener tu hambre y tu sed.  Que la gloria es la cruz, y que ser Dios es ser tú, hombre a lo sumo.

14 Agosto 2022
20º Domingo de T.O. (C)
Jer 38, 4-6. 8-10; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53

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