Este es el quinto trayecto del plan formativo destinado al estudio individual o de grupo que os presentamos en anteriores semanas en “Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia: Un trayecto formativo”. En ese artículo también se sugirió un “plan de lecciones” para su uso en grupos.

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Vicente, y con él Luisa, hizo por la Iglesia de la Francia del siglo XVII lo que el Papa Francisco está haciendo por la Iglesia del siglo XXI. A través de sus vidas y acciones, las personas que viven en los márgenes se hicieron visibles y sintieron una esperanza renovada.

Padre Delgado escribe:

El carisma vicenciano ha contribuido a que, en su Misión, los seguidores de Jesucristo estemos atentos al mundo, particularmente al mundo de los pobres y, viéndolo tal como Dios lo ve y quiere, comprometerse en su transformación.

A pesar de que, en gran medida, sea para muchos el secreto mejor guardado de la iglesia y, para otros, una piedra de contradicción, la Doctrina Social de la Iglesia se centra insistentemente en “ver” a los pobres: los huérfanos, las viudas, los niños.

Una cosa es, sin embargo, cierta: no es algo nuevo.

Al Evangelio de Lucas se le denomina a menudo el “Evangelio de la Misericordia”. Lucas nos da perspectiva para apreciar esta sección de las aportaciones del P. Delgado sobre las contribuciones vicencianas.

Un ciego implora: “Señor, ¡quiero ver!” (Lucas 18, 41).

Dos discípulos desanimados tratan de encontrar sentido a su destrozada esperanza. Un extraño camina con ellos y “se les abrieron los ojos” (Lucas 24, 31).

En el texto fundacional vicenciano del evangelio de San Lucas (4, 16-21) vemos a Jesús un sábado, día de reposo, en su ciudad natal de Nazaret. “Como de costumbre” Jesús fue a la sinagoga a la oración y fue invitado a leer. Tomó el libro del profeta Isaías, buscó el texto de tan poderoso sentido misionero (61, 1-2) y proclamó: “El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahveh”. Entonces, tras una pausa dramática, Jesús hizo un anuncio sorprendente: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (Lucas 4, 18-21).

Lo nuevo hoy en día, en la Doctrina Social de la Iglesia, es el impacto que ha provocado la llamada de atención hacia ella del Papa Francisco en nuestro mundo. Una larga sucesión de Papas han dicho cosas similares, pero el Papa Francisco ha llamado la atención de muchas personas. Con sus gestos hacia las personas individuales, sus viajes a las periferias e incluso la elección que ha hecho de ciertas personas para algunos puestos de influencia en la iglesia, el Papa Francisco nos ha ayudado a ver.

Francisco se ha comprometido a abarcar a los “más débiles y pobres” del mundo.

Entre sus primeras palabras como Papa, escuchamos decirle que quería “abrir los brazos para proteger a todo el pueblo de Dios, y abrazar con tierno afecto a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los menos importantes”. Él habla de “proteger a las personas, mostrando una amorosa solicitud para cada una de las personas, especialmente a los niños, los ancianos, los necesitados, quienes, con frecuencia, son los últimos en los que pensamos”.

En esta sección, el P. Delgado desarrolla su afirmación de que el viaje de Vicente y Luisa es una historia de “contemplación” a los pobres.

  • considerar a los pobres de una manera que se expandió cuando se encontró con los pobres,
  • considerar a los pobres de tal manera que acogió a todos aquellos que eran pobres,
  • considerar a los pobres de tal modo a partir de la pequeña parroquia en Chatillon, su visión se hizo universal (con el tiempo se extiende hasta Madagascar),
  • considerar a los pobres de una forma que llegó a adquirir un profundo sentido con el paso del tiempo (de contemplar a los pobres a contemplar a Jesucristo, de contemplar a Jesucristo a contemplar los pobres).
Lee esta quinta sección del excelente artículo del P. Delgado, y enumera este y otros aspectos con los que el carisma vicenciano ha contribuido a la Iglesia actual.
A continuación, dedica algún tiempo a reflexionar sobre estas preguntas, mientras ve la presentación de diapositivas a continuación:

  • Cuando miro a mi alrededor, ¿a quién veo?
  • ¿Puedo “ver” a los que viven en los márgenes?
  • ¿Miro con amor a los que están en los márgenes?

¡Hasta la proxima semana!

Esperamos que hayan disfrutado de esta colaboración, uniéndose a las fuerzas de la

Os pedimos que cada Vicenciano se convierta en un formador.

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