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Evangelio y Vida para el 2 de agosto de 2022
«Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
Jer 30,1-2. 12-15.18-22; Sal 101; Mt 14, 22-36.
Mucho se ha especulado sobre la barca en el evangelio de hoy, si es la Iglesia, y ante todo qué pasa con los que no son parte de ella. En la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco sugiere que la fe es la barca en la cual Jesús nos invita a subir, porque sólo desde la fe podemos alabar al Señor como San Francisco: “Alabado seas mu Señor…”.
La fe es un don de Dios, un regalo que Él nos da y, como con cualquier regalo que recibes (en tu cumpleaños, aniversario, graduación, etc.) tú decides en qué momento abrirlo y gozarte de su contenido. Nosotros, por la fe otorgada en el Bautismo, fuimos colocados en la barca que es la Iglesia, y hoy, más que subir a la barca, Dios quiere que permanezcamos en ella y seamos quienes le tendamos la mano a aquellos que por falta de fe se van sumergiendo en las cosas del mundo y se van alejando de las cosas de Dios. Para esto es necesario que nosotros, conscientes de nuestra vocación, nos pongamos al servicio del hermano para, juntos, poder llegar a la orilla.
Todas las personas, sin importar la profesión de fe, gozamos de la misericordia y del amor de Dios. Él nos tiende la mano siempre.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Hilario Sarabia Granados, diácono permanente
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