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Alimento para el alma: Tus ojos, mis ojos
EL ALMA, AFORTUNADAMENTE, TIENE UN INTÉRPRETE —A MENUDO UN INTÉRPRETE INCONSCIENTE, PERO FIEL— EN EL OJO.
CHARLOTTE BRONTË
Cuando miras a los ojos de tus padres o de tus hijos, hay algo que te resulta muy familiar. Puede que te lleve un tiempo descubrir qué es, pero al final te darás cuenta de que sus ojos son tus ojos. Podemos ir más allá de la familia y aplicarlo a quienes conocemos en el día a día. Cuando les miras a los ojos, ¿qué ves? Cuando tú y yo volvamos a encontrarnos con Dios, también encontraremos algo familiar en Sus ojos. Tal vez reconozcamos que los ojos que han estado enfocados en nosotros desde siempre han sido los Suyos. A menudo se dice que los ojos son la ventana del alma. Los ojos lo muestran todo. Alegres, tristes, cansados, abatidos o confusos.
En el Salmo 27 oímos: «Es tu rostro, Señor, el que busco; no escondas tu rostro». Cuando nos encontramos cara a cara con los demás, se nos pide que les miremos con respeto, compasión y amor, del mismo modo que Cristo nos ama a nosotros. ¿No te gustaría ver dos ojos que te miran como no te mira nadie? ¿No te gustaría leer en esos ojos y ver una increíble comprensión, compasión y ningún juicio? Cuando te encuentras cara a cara con otras personas durante tus tareas en la Sociedad de San Vicente de Paúl, ¿qué ven cuando te miran a los ojos? ¿Ven a Cristo que les devuelve la mirada?
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
- ¿Cuándo miraste intencionadamente por última vez a alguien a los ojos?
- ¿A quién crees que ve la gente cuando te mira a los ojos?
De: Firewood for the soul, vol. 1, A Reflexion Book for the Whole Vincentian Family
Sociedad San Vicente de Paúl, Queensland, Australia.
Texto de: Samantha Hill.
Tags: Alimento para el alma
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