Evangelio y Vida para el 4 de marzo de 2021
“No harán caso, ni aunque resucite un muerto”
Jer 17, 5-10; Sal 1; Lc 16, 19-31.
En la parábola de Jesús el hombre rico, metido en sus seguridades y satisfacciones, ciego al pobre que pide a su puerta, no tiene nombre. ¿Será para que hagamos el ejercicio de poner el nuestro?
¡Seguramente que sí! Luego, el que aparece como ignorado, vacío de todo lo que pueda cubrir sus más elementales necesidades, viviendo en la banqueta, padeciendo la enfermedad y el hambre, acompañado solo por los perros, resulta que sí tiene nombre, se llama Lázaro. Tiene una identidad, tiene dignidad, tiene rostro.
Jesús pide a los que le escuchan que abran los ojos a lo que sucede alrededor de ellos, y que abran sus oídos a los sencillos llamados del Evangelio: Ama a tu prójimo. Como cristianos tenemos la obligación de alimentar al hambriento. Todo hombre y mujer con hambre en el mundo está en nuestras conciencias.
¿Cuáles son algunas de las riquezas que se me llama a compartir con los “Lázaros” de cada día?
Le pido a Dios que abra mi corazón, y me deje mirar con compasión a los pobres, de manera que se me parezcan a Jesús.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Adrián Acosta López C.M.
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