Twenty-Sixth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Bond with God and with Human Beings

Jesus Christ embodies the genuine bond with God and with humans. Through him, fully revealed and done is the will of God.

Jesus tells a parable to the chief priests and the elders of the people. Even we who live today understand it easily. That is because it is about the family and family bond, that is to say, about something that is part of our life.

So then, it is not hard to understand the short story. And we readily and rightly answer which of the two sons does the will of the father. It seems we intuitively see that a bond comes about more by what we do than by what we say.

It is also easy for us, then, to point at the one who is guilty. And it does not cross our mind that he may be us. That was what happened to king David (2 Sam 12, 1-10). He got very angry with the rich man who took the ewe lamb of a poor man. And the prophet Nathan had to tell the king, “You are the man.”

Living up to the bond we have as Christians

So, does not Jesus have to tell us, then, that the not so religious people in the eyes of the world are entering the kingdom of God before us? For we hardly think that what he told the chief priests and the elders of the people applies to us.

But the Scriptures are here to teach us (Rom 15, 4). And that is why it is right to insist that we should read or hear them as addressed to us.

For, after all, we who are Christians are not immune to the things that Mt 23 decry. For instance, we do not always do what we preach. We also like to have the best seats, to receive honors, greetings and titles, and even to set ourselves apart from people by the way we dress and speak. And not rarely do we insist on our way as if it were the only one that is fair.

We leave much to be desired, yes, about living up to the bond that ties us to God and to others. And so, to be true to such bond, we have to change and be like Jesus. That is to say, we should have his devotion to the Father and his charity to humans (SV.EN VI:413). Without this, our religion will be of no use; we will not enter the kingdom of God. And we will need the words of Jesus to make us clean (Jn 15, 3).

Lord Jesus Christ, give us your mindset and your bond with the Father and with other humans. We will thus have the drive also to serve others and to give our bodies up and shed our blood for them. And make us bring the Good News to the poor, as did St. Vincent, and help to bring in renewal and reform in the Church.


27 September 2020

26th Sunday in O.T. (A)

Ez 15, 25-28; Phil 2, 1-11; Mt 21, 28-32


Solemnity of St. Vincent de Paul

Is 52, 7-10; 1 Cor 1, 26-31; 2, 1-2; Mt 5, 1-12a


VERSIÓN ESPAÑOLA

Compromiso con Dios y con los hombres

Jesucristo personifica el compromiso genuino con Dios y con los hombres. Por él, plenamente se conoce y se hace la voluntad de Dios.

Les cuenta Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo una parábola. Ni a nosotros que vivimos hoy en día nos cuesta entenderla. Es que se trata de la familia y el compromiso familiar, es decir, de algo que forma parte de nuestra vida.

Así pues, fácilmente entendemos la anécdota breve. Y también contestamos pronto y con acierto quién de los dos hijos cumple la voluntad del padre. Parece que intuimos todos que el compromiso se cumple más por el hacer que por el decir.

También nos resulta fácil, pues, señalar al culpable. Y no nos ocurre que posiblemente nosotros seamos él. Así le pasó al rey David (2 Sam 12, 1-10). Se enojó mucho él con el rico que se adueñó de la corderita de un pobre. Le tuvo que decir el profeta Natán al rey: «Eres tú ese hombre».

Cumplir de forma genuina nuestro compromiso cristiano

¿No nos debe decir Jesús que los poco religiosos a los ojos del mundo van por delante de nosotros en el reino? Pues apenas creemos que se nos dirige lo que dijo él a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo.

Pero las Escrituras se escribieron, sí, para nuestra enseñanza (Rom 15, 4). Y es por eso que con razón se ha de insistir en que las leamos o las escuchemos como dirigidas a nosotros mismos.

Pues, después de todo, los cristianos no somos inmunes a las cosas que se denuncian en Mt 23. No siempre hacemos lo que decimos. También nos gusta tener los primeros puestos, recibir honores, saludos y títulos, e incluso apartarnos de la gente por nuestro modo de vestir y hablar. Y no rara vez insistimos en nuestro proceder como si fuera el solo proceder justo.

Aún dejamos mucho que desear, sí, en cuanto a llevar a cabo nuestro compromiso con Dios y con los demás. Y para ser fiel a tal compromiso, tenemos que arrepentirnos y ser como Jesús. Es decir, debemos tener su religión para con el Padre y su caridad para con los hombres (SV.ES VI:370). Sin esto, no vale nuestra religión; no entraremos en el reino de Dios. Y tendrán que hacernos limpios las palabras de Jesús (Jn 15, 3).

Señor Jesús, danos tus sentimientos y tu compromiso con Dios y con los hombres. Así se nos impulsará también a servir a los demás y entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre por ellos. Y haz que, al igual que san Vicente, anunciemos la Buena Nueva a los pobres y ayudemos en la renovación y reforma de la Iglesia.


27 Septiembre 2020

26º Domingo de T. O. (A)

Ez 15, 25-28; Fil 2, 1-11; Mt 21, 28-32


Solemnidad de san Vicente de Paúl

Is 52, 7-10; 1 Cor 1, 26-31; 2, 1-2; Mt 5, 1-12a