Thirtieth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Deeds, Indeed, and Not Just Words

Jesus embodies the truth that good deeds are love and not good words and reasons. Do we really live up to this truth?

We are often encouraged to love God (SV.EN XI:32). “But let it be with the strength of our arms and the sweat of our brows.” That is to say, love is not so much about noble feelings and sweet words as about good behavior and deeds.

Of course, such an encouragement has its roots in the teaching and example of Jesus. He has come to fulfill the law and the prophets. And so, he keeps the commandments. But he also does not fail to highlight the weightier things of the law: justice, mercy and faithfulness. Besides, he points out rightly that the two-fold commandment of love of God and neighbor sums up the whole law.

The neighbor leaves us no choice but to make our love more than just theory. The nearest to us, yes, calls us to do deeds of love and so make concrete our worship and love of God. We are called, then, to do as Jesus. His two great traits are reverence to the Father and charity to others (SV.EN VI:413).

The Anointed and Sent One of God show these traits as he goes about doing deeds of mercy. Yes, he goes around to teach, proclaim the Good News, and to cure diseases and illnesses among the people. He welcomes all, especially those whom religion has forgotten and society has left behind. His love does not discriminate; he seeks the good of all, of the good and the bad.

Faith works through love (Gal 5, 6); faith that has no deeds is dead (Jas 2,17).

We who claim to be Christians go through test, too. Do we speak and work for the rights of immigrants? When we say, “I do not know and I do not care,” do we not consent to the abuses in ICE detention centers?

And do we admit, by our deeds, that we cannot love God and at the same time hate a brother or a sister? Is it true that our love does not keep count of wrongs, but bears, believes, hopes and cope with all things? Like St. Francis of Assisi’s love, does ours know no borders (Fratelli tutti 3-4)? Do we really grasp that to leave God for God (SV.EN IX:252) means to love our neighbor is to love God?

Would to God that we pass the test.

Lord Jesus, you loved us to the end and so finished it all. Teach us what is our part to give witness to you by our deeds. Grant also to us who hold your Supper to imitate you and do also as you have done for us.


25 October 2020

30th Sunday in O.T. (A)

Ex 20,20-26; 1 Thes 1, 5c-10; Mt 22, 34-40


VERSIÓN ESPAÑOLA

Obras, de verdad, y no solo palabras

Jesús es la verdad en persona de que las buenas obras son amores y no las buenas palabras y razones. ¿Vivimos nosotros según esa verdad?

Se nos exhorta con frecuencia a amar a Dios (SV.ES XI:733). «Pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente». Es decir, el amor no se trata tanto de sentimientos nobles y palabras dulces cuanto de buenas obras y acciones.

Por supuesto, esa exhortación se arraiga en la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Ha venido él a dar plenitud a la ley y los profetas. Guarda él, por lo tanto, los mandamientos. Pero también no deja él de destacar lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Además, señala con acierto que la ley entera se resume en el doble mandamiento de amor a Dios y al prójimo.

Y el prójimo, el más cercano, no nos deja ninguna opción más que la de amar no de forma teórica. El más próximo, sí, nos llama a hacer obras de amor y así concretar nuestro culto y amor a Dios. Se nos llama, pues, a hacer lo que Jesús. Sus dos grandes rasgos son la religión para con el Padre y la caridad para con los demás (SV.ES VI:370).

Esos rasgos los muestra el Ungido y Enviado de Dios mientras pasa haciendo obras de misericordia. Sí, recorre él pueblos y aldeas para enseñar, proclamar la Buena Nueva y curar las enfermedades y dolencias del pueblo. Y acoge él a todos, especialmente a los olvidados por la religión y abandonados por la sociedad. Su amor no hace distinciones; busca él el bien de todos, de los buenos y de los malos. ¿Así amamos?

La fe obra por medio del amor (Gal 5, 6); sin obras, está muerta la fe (Stg 2, 17).

A los que nos decimos seguidores de Jesús se nos pone también a prueba. ¿Hablamos y obramos en pro de los derechos de los inmigrantes? ¿Acaso no consentimos, por nuestra indiferencia, que se les explote a los detenidos por ICE?

Y, ¿admitimos por nuestras obras que no se puede amar a Dios y a la vez odiar a un hermano o a una hermana? ¿Es cierto que nuestro amor no lleva cuentas del mal, que disculpa, cree, espera y aguanta sin límites? Al igual que el amor de san Francisco de Asís (Fratelli tutti 3-4), ¿no conoce fronteras el nuestro? ¿Captamos realmente que dejar a Dios por Dios (SV.ES IX:297) quiere decir amar al prójimo es amar a Dios?

Quiera Dios que pasemos la prueba.

Señor Jesús, nos amaste hasta el extremo y así lo cumpliste todo. Enséñanos a cumplir nuestra parte en dar testimonio del amor por nuestras obras. Concédenos también a los que celebramos tu Cena seguir tu ejemplo y hacer lo que tú has hecho con nosotros.


25 Octubre 2020

30º Domingo de T. O. (A)

Éx 20,20-26; 1 Tes 1, 5c-10; Mt 22, 34-40