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First Sunday of Lent, Year C-2019

Temptations that We Have to Overcome

The Son of God is also a son of Adam. So, he goes through the temptations that we humans face. And he shows us how to overcome them, so we may be true to ourselves and our mission.

Jesus’ temptations are essentially the same as those of Adam and the Israelites wandering in the wilderness. They are also the same temptations that beset us today.

Yes, we worry about our well-being. And the greater the worry about basic needs, the stronger the tendency to forget that life is more than meeting these needs (see Lk 12, 23). This is what happens to the wandering Israelites. Dying of hunger and thirst, they miss Egypt and forget their slavery.

Bent on providing for ourselves, we end up looking out only for our own interests (Lk 12, 16-21). Such worry can also lead us to want to lord it over others. At any cost, to selling, yes, even our soul.

To have enough, then, means to have more than what we already have. Adam does not settle for what God has made available to him. He sets his eyes upon becoming like God, but against his will, knowing what is good and what is bad. So then, we human beings are never wholly satisfied. Does not this tell us that God has made us for himself and our heart is restless until it rests in him?

Jesus shows us how to overcome temptations.

For Jesus, life is about listening to God’s word, doing his will, carrying out his work. This is what nourishes and sustains life (Jn 4, 34).

He does not focus on his hunger. He heeds God’s word, instead, and stays true to his mission. That is why he will later “multiply” loaves to feed the hungry crowd, not himself. He seeks the kingdom of God first and his righteousness. He wants bread for everyone (Pagola).

God’s justice will also prod Jesus to speak out against lording it over others. And he shows that he is true to his word. And so, he turns down the offer of power and glory. He bows down only before God. Not before the rich and powerful who lie and bring suffering to the poor. Interestingly, there is no mention in Luke’s account of angels coming to minister to Jesus. Is there not a suggestion, then, that Jesus comes to serve, not to be served?

Service—even unto the giving up of the body and the shedding of blood—is Jesus’ greatness. Being small, he is great. He is strong because he is weak. Humbly and fully human before God—not showing off, not testing God, not forcing his hand—Jesus is divine.

It bears asking (see SV.EN X:166), “Which Christian would want to be other than who or what Jesus is?”

Lord Jesus, we are weak and capable of giving in to temptations (see SV.EN IX:284). Give us the grace to persevere until death.


10 March 2019

First Sunday of Lent (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lk 4, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Tentaciones que tenemos que superar

El Hijo de Dios es hijo de Adán también. Está sometido, pues, a las tentaciones habituales de todo hombre. Y nos enseña a superarlas, para que seamos fieles a nosotros mismos y a nuestra misión.

Las tentaciones de Jesús son esencialmente las mismas de Adán y de los israelitas errantes en el desierto. Son las mismas que también nos acechan hoy.

Sí, nos preocupamos de nuestro bienestar. Y más ansia de nuestras necesidades básicas, más tendencia a olvidar que la vida es más que remediar esas necesidades (véase Lc 12, 23). Así les pasa a los israelitas errantes. Muriéndose de hambre y sed, extrañan a Egipto y se olvidan de su esclavitud.

Empeñados en asegurarnos los recursos necesarios, terminamos además encerrándonos en nuestros intereses (Lc 12, 16-21). Tal ansia nos puede llevar también a buscar dominar a los demás. A cualquier precio, a vender incluso, sí, nuestra alma.

Resulta, pues, que tener lo suficiente siempre significa tener algo más de lo que ya tenemos. Adán no se contenta con lo que Dios ha puesto a su disposición. En contra de la voluntad divina, desea llegar a ser como Dios, conociendo el bien y el mal.

Así que nunca nos encontramos los hombres totalmente satisfechos. ¿No da a entender esto que Dios nos hizo para sí, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en él?

Jesús nos enseña a superar las tentaciones.

Según Jesús, vivir es escuchar la palabra de Dios, hacer su voluntad y realizar su obra. Esto es lo que alimenta la vida y la sostiene (Jn 4, 34).

No se enfoca Jesús en su hambre. Presta atención, más bien, a la palabra de Dios y se mantiene fiel a su misión. Por eso, «multiplicará» más adelante los panes para alimentar a la multitud hambrienta, no a sí mismo. Busca primero el reino de Dios y su justicia; quiere que haya pan para todos. (Pagola).

La justicia de Dios también le lleva a Jesús a denunciar la tiranía. Y se manifiesta fiel a su palabra. Así pues, rechaza el poder y la gloria que se le ofrece. Solo se postra ante Dios. No ante los ricos y poderosos que mienten y causan sufrimientos a los pobres. Es curioso que en el relato de Lucas no sirven los ángeles a Jesús. ¿No se nos indica, entonces, que viene Jesús, no a ser servido, sino a servir?

En servir, —aun hasta la entrega del cuerpo y el derramamiento de la sangre—, está la grandeza de Jesús. Siendo pequeño, es grande entonces. Es fuerte porque es débil. Humilde y plenamente humano ante Dios, —sin ninguna ostentación, sin forzar la mano de Dios, sin ponerle a prueba—, Jesús es, entonces, divino.

Vale la pena preguntar (véase SV.ES X:813): «¿Cuál cristiano querrá ser lo que no es Jesús?».

Señor Jesús, somos débiles y capaces de sucumbir a las tentaciones (véase SV.ES IX:332). Danos la gracia de perseverar hasta la muerte.


10 Marzo 2019

1º Domingo de Cuaresma (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lc 4, 1-13