First Sunday of Advent, Year A-2022

From VincentWiki
Fix our Gaze on our Lord Jesus

After putting up with the shameful cross, Jesus has been lifted up to the highest place. To fix our eyes on him means not to lose heart.

A new year starts in the Church, but she asks us to fix our gaze on the end. It tells us, “Eyes on the prize.” It is the “prize” that God promises, by sheer grace, to us worthless servants.

And to fix our attention on what we aim at means that salvation history is not cyclical but linear. That is to say, to live is not to move in a circle around an axis like a wheel. The wheel hints at the “eternal return” of the same things (Theology of Hope (sabda.org)). To live means, rather, to walk forward, toward new surroundings and settings, till one gets to the final destiny.

We who march forward cannot, of course, lose sight of the goal. For to lose sight of it is not to know toward which place to fix our direction. Not to know where to go is to get lost.

And to fix our eyes on the end is to watch, to stay awake and ready. The waters of the flood do not destroy those who watch, are awake and ready, but save them. They are more ready than those who secure the city but forget to fix their gaze on its Creator.

To gaze in particular on the final outcome of Jesus’ life is to pluck up courage in tough times. For we do walk not only with joy and in the light and in peace, but also with sorrow and in the darkness of strifes and wars. But the one at which we take a long and loving look helps us to throw off the works of darkness. And he puts on us the armor of light.

Lord Jesus, grant that we fix our gaze on you and share, with the help of your Mother’s prayers, the fullness of your grace. And as we contemplate you, make us keep in mind that we live through your death and die through your life (SV.EN I:276). Hide us where you are and fill us to the brim with your goodness, and let us live like you to die like you, who give up your body and shed your blood for us.


27 November 2022

First Sunday of Advent (A)

Is 2, 1-5; Rom 13, 11-14; Mt 24, 37-44


VERSIÓN ESPAÑOLA

Fijar la mirada en nuestro Señor Jesús

Tras soportar la cruz vergonzosa, Jesús se ha exaltado hasta lo sumo. Fijar los ojos en él quiere decir no perder ánimo.

Comienza un nuevo año en la Iglesia, pero se nos pide fijar la mirada en el fin. Se nos llama la atención en el «premio» que se nos promete por pura gracia de Dios a los que somos siervos que no servimos para nada.

Y tal fijar de la atención en el objetivo da a entender que la historia de la salvación no es cíclica, sino lineal. Es decir, vivir no es mover cual una rueda alrededor de un eje. La rueda connota el «eterno retorno» de las mismas cosas. Vivir quiere decir, más bien, caminar hacia adelante, hacia nuevos ambientes y situaciones, hasta que se llegue al destino final.

Los que caminamos, claro, no hemos de perder de vista la meta. Pues perderla de vista es no saber hacia dónde o cuál punto fijar nuestra dirección. Es perdernos en el camino.

Y fijar los ojos en el fin es velar, estar despierto y listo. A los que están en vela, despiertos y listos no los devasta el agua del diluvio, sino los salva. Se preparan mejor que los que, al fortificar la ciudad, se olvidan de fijar la mirada en el Creador de ella.

Centrarnos en concreto en el desenlace del vivir de Jesús es cobrar fuerza en los momentos duros de la vida. Pues, sí, caminamos no solo con gozo y en la luz y la paz, sino también con dolores y en las tinieblas de los conflictos y las guerras. Pero el que a quien miramos de forma detenida y con amor nos auxilia a dejar las obras de las tinieblas. Y nos viste él con las armas de la luz.

Señor Jesús, concédenos fijar la mirada en ti y compartir la plenitud de tu gracia por la intercesión de tu Madre. Y haz que, al contemplarte, nos acordemos de que vivimos por tu muerte y morimos por tu vida (SV.ES I:320). Ocúltanos en tí y déjanos rebosar de ti y vivir como tú para morir como tú, que entregas tu cuerpo y derramas tu sangre por nosotros.


27 Noviembre 2022

Domingo 1º de Adviento (A)

Is 2, 1-5; Rom 13, 11-14; Mt 24, 37-44