Fifth Sunday of Lent, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Merciful to the Utmost and Lifegiving

Jesus is merciful as his Father is merciful. That is why he weeps with us who face death. And he surrenders to it to bring us life to the full.

Jesus hears that his friend Lazarus is ill. And right away, he shows that he stays on top of things. So, he is in no hurry to see him and his sisters. But this is not to say that his loving and merciful heart does not go out to them.

Jesus remains calm, too, as he asks his followers to go back with him to Judea. He does not mind that it may lead to his death. His followers’ lack of understanding does not upset him either. He does mean to keep working for the glory of God and being merciful to those in need.

Jesus keeps his peace, moreover, when Martha meets him. She expresses her grief, albeit gently, that he was not with them when they needed him most. And ever merciful, he simply reassures her that her brother will rise.

But then, Mary meets Jesus and falls at his feet. She pours out her grieving heart to him in the same way as her sister. And the sight of Mary and the others weeping moves Jesus deeply and troubles him. Soon enough, at the tomb, he weeps, too. He is seemingly losing it.

Losing it, so to speak, Jesus shows how lovingly merciful he is to the utmost. And he wants us to be like him.

Seeing Jesus lose it, people get to know how much he loves Lazarus. Yes, he loves him and his sisters so much that he cannot bear seeing them powerless in the face of death. So, he raises the dead. It is within his power, after all, to do so. Surely, we cannot hope for anything less from someone who loves so much and is that merciful.

Moreover, to hope for anything less is to underestimate the infinite inventiveness of love. It is so inventive it gives rise to the Eucharist (SV.EN XI:131) that points to Jesus’ lifegiving death.

And the followers of Jesus are to go and die with him. And with the least of his brothers and sisters, especially these uncertain times. That is, we are called to compassion that makes for our being less a wild animal and more human (SV.EN XII:222). And the more human, the more like God and truly alive through the Spirit. For mercy is the distinctive feature of God (SV.EN XI:328), of the true and living God.

Lord Jesus, you are so loving and merciful to the end, to the utmost, that you bring us life to the full. Make us truly understand that it is in losing life that we find it for others and for ourselves.


29 March 2020

Fifth Sunday of Lent (A)

Ez 37, 12-14; Rom 8, 8-11; Jn 11, 1-45


VERSIÓN ESPAÑOLA

Misericordioso sobremanera y vivificador

Jesús es misericordioso como su Padre es misericordioso. Por eso, llora con los que nos enfretamos a la muerte. Y se somete a ella para traernos la vida plena.

Oye Jesús que está enfermo su amigo Lázaro. Y en seguida da a entender que mantiene él el control de la situación. Por eso, aunque seguramente piensa amoroso y misericordioso en el enfermo y en sus hermanas, no tiene prisa en ir a verlos.

Tranquilo dice también Jesús a sus seguidores: «Vamos otra vez a Judea». No le importa que allí lo espere la muerte. Ni le molesta la falta de entendimiento de parte de sus seguidores. Es firme su decisión de obrar por la gloria de Dios y por el bien de los necesitados.

Jesús, además, con calma se encuentra con Marta. Desahoga ella su dolor indicando que no estaba presente él cuando más lo necesitaban su hermano, su hermana y ella misma. Y siempre misericordioso, la conforta, diciéndole simplemente que su hermano resucitará.

Pero luego viene a su encuentro María y se echa a sus pies. Se desahoga ella diciéndole lo mismo que su hermana. Y viendo llorar a ella y a los que la acompañan, él se conmueve en su espíritu y se estremece. Dentro de poco, llora también delante de la tumba. Parece que se le está yendo la mano.

Yéndosele la mano, Jesús se manifiesta amoroso y misericordioso hasta lo sumo. Y nos quiere como él.

Viéndole a Jesús no poder contenerse, los presentes logran darse cuenta de lo mucho que quiere él a Lázaro. Sí, tanto los quiere a él y a sus hermanas que no puede soportar verlos indefensos ante la muerte. Por eso, resucita al muerto. Después de todo, tiene poder absoluto sobre la muerte. Seguramente, no podemos esperar algo menos del que ama tanto y es así de misericordioso.

Además, esperar algo menos es subestimar lo infinitamente inventivo que es el amor. De este amor surge la Eucaristía (SV.ES XI:65), sacramento de la muerte vivificadora de Jesús.

Y los seguidores de Jesús hemos de ir y morir con él. Y con sus más pequeños hermanos y hermanas, especialmente en estos momentos de incertidumbre. Es decir, se nos llama a nosotros a la compasión que nos lleve a ser menos bestiales y más humanos (SV.ES XI:561). Y tanto más humanos, cuanto más como Dios, y vivos por el Espíritu. Pues lo propio de Dios es la misericordia, la (SV.ES XI:253), lo propio del Dios verdadero y vivo.

Señor Jesús, tanto nos amas, y eres misericordioso hasta lo sumo, que nos traes la vida plena. Concédenos comprender verdaderamente que, perdiendo la vida, la ganamos para los demás y para nosotros mismos.


29 Marzo 2020

Domingo 5º de Cuaresma (A)

Ez 37, 12-14; Rom 8, 8-11; Jn 11, 1-45