Fifth Sunday of Easter, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Distinctive Mark of Christ’s Disciples

Jesus is the proof that God loves us. Sent by God, he teaches us to love. He makes love the Christians’ distinctive mark and the means of salvation.

Judas leaves so as to carry out fully the betrayal. And this treasonous leave is a distinctive sign that Jesus’ hour has come.

In fact, the Teacher plainly says to his disciple that he will be with them only a little longer. And little earlier he has spoken also of his glory, which means his death (Jn 12, 23-24. 32-33). His glory, that is to say, what makes him stand out and worthy of praise, is his death on the cross. For dying on the cross, he stands out and draws glances and praises due to his love to the end.

It is clear, yes, that Jesus is saying good-bye to his disciples. And like a father who is about to die, he speaks tenderly, dearly, and makes a will.

That is why he calls them his children. He also makes known to them his last wish. And he lays it out before them as a new commandment: that they love one another as he has loved them. Such love will be their distinctive mark; by it shall they be known as his disciples.

Our distinctive mark and means of salvation: love that is practical, inventive and self-emptying

Others know us as Christians not so much by saying that we love as by doing works of love. That is to say, love has more to do with deeds than with words (SV.EN XI:32). Our statements of love mean nothing if we do not do what we say; fine words butter no parsnips (1 Jn 3, 18).

But to make sure that we truly love, it is enough for us, first, to listen to Jesus’ Good News. And, in the second place, to follow his example.

He goes about to do good (Acts 10, 38); he preaches and cures diseases and illnesses (Mt 4,23). This, yes, is a distinctive trait of his. After all, he seeks first God’s kingdom and justice. He wants a world that measures up to what God wants. That is to say, a world that is more just, more truthful. A world of fellowship, a world fit for men and women whom God in his image.

And to love in a practical way as Jesus also means to be saved from the evils, the bad fruit, that selfishness bears. It is to feel and taste even here on earth how good God is that dwells with us.

But we still face many evils before we enter God’s kingdom. Hence, our love has to be as inventive too as that of our Teacher (SV.EN XI:131). And self-emptying to the end, to the giving up of the body and the shedding of blood. Might this mean we have to have the Good News in one hand and the daily news in the other hand?

Lord Jesus, pour out on us your Spirit that makes all things new. Let him make us true witnesses to the love that is the distinctive mark of those who follow you.


15 May 2022

Fifth Sunday of Easter (C)

Acts 14, 21-27; Rev 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35


VERSIÓN ESPAÑOLA

Distintivo de los discípulos de Cristo

Jesús es la prueba de que Dios nos ama. Enviado por él, nos enseña a amar. Hace del amor el distintivo cristiano y el medio de salvación.

Sale Judas para llevar a pleno cabo la traición. Y esa salida traidora es un signo distintivo de que ya ha llegado la hora de Jesús.

De hecho, bien claro dice el Maestro a sus discípulos que ya no estará con ellos por mucho tiempo. Y hace poco ha hablado él también de su gloria, la que quiere decir su muerte (Jn 12, 23-24. 32-33). Su gloria, es decir, lo que le hace sobresalir por lo que él tiene de encomiable, es su muerte en la cruz. Pues en la cruz, sobresale él y atrae las miradas y la admiración por su amor hasta el extremo.

Queda claro, sí, que se despide Jesús de sus discípulos. Y cual un padre que está a punto de morir, les habla él con cariño, y hace testamento.

Es por eso que los llama hijos suyos. Les manifiesta también su último deseo. Y se lo plantea él como un mandamiento nuevo: que se amen ellos unos a otros como él los ha amado. Tal amor será su distintivo; por ese amor se conocerán ellos como discípulos suyos.

Nuestro distintivo y medio por el que nos salvamos: amor práctico, inventivo y abnegado

Se nos conoce a nosotros como cristianos no tanto por decir que amamos cuanto por hacer obras de amor. Es decir, el amor tiene que ver más con las obras que con las palabras (SV.ES XI:733). Nada valdrán nuestras declaraciones de amor si no las ponemos en práctica; obras son amores y no buenas razones (1 Jn 3, 18).

Pero para asegurar que amemos de verdad, nos basta, en primer lugar, con escuchar la Buena Noticia de Jesús. Y, en segundo lugar, con seguir su ejemplo.

Pasa él por todas partes para hacer el bien (Hch 10, 38). Predica, cura las enfermedades y las dolencias de la gente (Mt 4, 23). Esto, sí, es un rasgo distintivo de él. Después de todo, él busca primero el reino y la justicia de Dios. Quiere él un mundo ajustado a la voluntad de Dios, es decir, un mundo más justo, más veraz, más solidario. Un mundo más digno de los hombres y las mujeres, creados a imagen de Dios.

Y amar de modo práctico como Jesús quiere decir también salvarnos de los males, de los frutos malos, que da el egoísmo. Es palpar y saborear aun en la tierra qué bueno es Dios que acampa entre nosotros.

Pero hacemos frente aún a muchos males antes de entrar en el reino de Dios. Nuestro amor, por lo tanto, ha de ser tan inventivo también como el del Maestro (SV.ES XI:65). Y tan abnegado hasta el extremo, hasta la entrega del cuerpo y el derramamiento de la sangre. ¿Querrá decir esto que hay que tener la Buena Noticia en una mano y el periódico en la otra?

Señor Jesús, derrama sobre nosotros tu Espíritu que hace nuevas a todas las cosas. Déjale hacernos a nosotros fieles testigos del amor que es el distintivo de los que te siguen.


15 Mayo 2022

5º Domingo de Pascua (C)

Hch 14, 21-27; Apoc 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35