Baptism of the Lord, Year A-2014

From Vincentian Encyclopedia
All of you who were baptized into Christ have clothed yourselves with Christ (Gal 3, 27)

Jesus is the son and servant of the Lord. He gets branded, so to speak, as he is baptized. His mark reveals to the people his condition as son and servant, as lamb at its owner’s full disposition. His ministry will later confirm his identity, which indicates that we who bear the indelible Christian baptismal character will be proven genuine through our service.

Being son does not mean everything will be easy. The account of his baptism already hints at a certain disagreement, which will come to a head: “Are you the one who is to come, or should we look for another?” The explanation to those who see Jesus’ submission to baptism as proof of the Baptist’s superiority is simply, “Allow it now, for thus it is fitting for us to fulfill all righteousness.”

But the disagreement among kindred spirits is nothing, when compared to the opposition to come due to Jesus’ constant carrying out of God’s will. Son though he was, he learns, through suffering, to be true to his character as obedient servant.

Yes, people are amazed and give glory to God as Jesus goes about doing good—not altogether unlike calling someone a saint for feeding the poor. But just as “saint” becomes “communist,” so also approval and admiration turn into fury when the proclamation of the Gospel to the poor addresses ethnocentric or exclusivist arrogance. And things get worse as Jesus zeroes in on the causes of the evils to root out.

He unmasks the hypocrisy of the self-righteous and opposes those who put their traditions ahead of the salvation of souls. He denounces those who prescribe their rituals to keep their hold on others or to exploit helpless widows and orphans.

He challenges the established order: blessed are the poor, woe to the rich; leadership is service, not a permit to extort, abuse, peddle influence or receive bribes. He is harsh with those who have turned the house of prayer into a consumerist center.

He condemns greed, calling imbeciles those who think there is sure salvation in amassed wealth. He warns the heartless of the torment in the hereafter.

The powerful are, of course, greatly troubled hearing Jesus speak and seeing him act. To protect their interests, they fabricate charges and bring him to judgment.

And Jesus’ lot is our lot, unless …

… we stay indifferent to the poor, disregarding the Vincentian “leaving God for God”;
… we have no eyes nor heart directed toward those deemed useless, insisting that they be made to feel even more worthless;
… we are so intimidated by those who may put us in the box labeled Marxist that we hesitate to foster justice and we do not speak truth to power, unlike St. Vincent de Paul who spoke the truth to Cardinals Richelieu and Mazarin;
… we reject our brand and Jesus’ cup.


VERSIÓN ESPAÑOLA

El Bautismo del Señor, A-2014

Los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo (Gal 3, 27)

Jesús es hijo y siervo del Señor. Bautizándose, recibe su hierro, por así decir. Su marca revela a la gente su condición de hijo y siervo, de cordero a plena disposición del dueño. Su identidad, la acreditará luego su ministerio, lo que indica que cuantos llevamos el carácter bautismal indeleble nos aquilataremos mediante nuestro servicio.

Ser hijo no significa que todo resultará fácil. El relato de su bautismo ya insinúa cierto desacuerdo que llegará al colmo: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Una explicación a los que perciben la sumisión de Jesús al bautismo como prueba de la superioridad del Bautista es: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere».

Pero el desacuerdo entre espíritus afines no es nada, en comparación con la oposición que se le viene encima a Jesús por perseverar en la voluntad divina. Aunque hijo, aprende, sufriendo, a ser fiel a su carácter de siervo obediente.

Sí, se asombra la gente y da gloria a Dios mientras Jesús pasa haciendo el bien—no del todo diferente de llamarle santo al que da de comer a los pobres. Pero así como «santo» se hace «comunista», también se convierten la aprobación y la admiración en furia cuando el anuncio del Evangelio a los pobres aborda la arrogancia etnocéntrica o exclusivista. Y peores se ponen las cosas al concentrarse Jesús en las causas de los males que extirpar.

Desenmascara la hipocresía de los con pretensiones de superioridad y se opone a los que anteponen sus tradiciones al bien de las almas. Denuncia a quienes prescriben sus rituales para mantener su control sobre los demás o para explotar a viudas y huérfanos indefensos.

Desafía el orden establecido: dichosos los pobres, ay de los ricos; el liderazgo es servicio, no licencia para extorsionar, abusar, vender influencias o recibir sobornos. Muéstrase severo con los que han convertido la casa de oración en centro consumista.

Condena la codicia de los imbéciles ricos que creen que hay salvación segura en su riqueza amontonada. Advierte a los sin entrañas del tormento en el más allá.

Se sobresaltan, claro, los poderosos al oír a Jesús hablar y verle actuar. Para proteger sus intereses, inventan acusaciones y le llevan a juicio.

Y el destino de Jesús es nuestro destino, no sea que …

… permanezcamos indiferentes a los pobres, descartando el «dejar a Dios por Dios» vicentino;
… no tengamos ojos y corazón para los tenidos por inútiles, insistiendo en que éstos se sientan desvalorizados aún más;
… intimidados por los que nos encasillen como marxistas, vacilemos en promover el derecho y no digamos la verdad al poder, como la dijo san Vicente de Paúl a los cardenales Richelieu y Mazarino;
… rechacemos nuestro hierro y el cáliz de Jesús.