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Eucaristía de clausura:Homilia - P. Gregorio Gay, CM

DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE, 2014


Mis queridos hermanos y hermanas en Jesucristo, San Vicente y María, Nuestra Madre

Comienzo con una cita bíblica que creo mejor demuestra nuestro tiempo: “Señor que bueno es estar aquí” (Mateo 17:4). Aunque estas son las Palabras que Pedro le dice a Jesús en la Transfiguración, ellas expresan lo que creo que todos sentimos al concluir nuestro tiempo juntos en esta Primera Asamblea General de la Asociación de la Medalla Milagrosa. Sí que estamos bien aquí.

Pero cómo devotos de nuestra Madre, sabemos que no podemos quedarnos para siempre solamente en la belleza de este tiempo bendecid. Cómo los discípulos en el Monte Tabor, debemos ir movidos en la fe. Nuestro Tema para ésta Asamblea General, y qué Asamblea ha sido, es la Nueva Evangelización. Es el tema adecuado para este tiempo preciso como creyentes. Tanto en nuestro mundo y nuestra Iglesia están necesitados de la luz de Cristo y la Intercesión de María, nuestra Madre.

Por su vida, muerte y resurrección, Jesús nos enseñó el camino de la salvación. Sin embrago, ¿cómo y en dónde aprendió Jesús a amar, servir y a sacrificarse? Cómo todos nosotros, su camino hacia la santidad comienzo desde su niñez. Sus primeros y mejores maestros fueron María y José. Juntos tomaron a Jesús en sus vidas y le enseñaron en el camino de la fe. Tanto la dedicación de José hacia su familia, el amor materno y gentil de María, preparan a Jesús para llevar la salvación de Dios a un mundo que esperaba. Esos primeros años de Jesús, envueltos en misterio, es lo que denomina el Beato Papa Pablo VI la Escuela de Nazaret. Habló de ello cómo una “escuela de oración en donde aprendemos a escuchar… y a penetrar en el más profundo sentido de la manifestación del Hijo de Dios, siguiendo el ejemplo de María, José y Jesús”. (Papa Pablo VI, “Nazaret”, 5 de Enero del 1964).

Por esta Sagrada Familia, podemos alegrarnos en la comunidad cristiana y la Familia Vicenciana que compartimos en éste momento. En cada época, Dios levanta nuevos discípulos como evangelizadores para llevar a los pueblo hacia Cristo. María también ha hecho lo mismo a través de sus apariciones, ofreciendo mensajes de oración, arrepentimiento, y la fe en su Hijo. Mientras que la Nueva Evangelización puede parecer una novedad, su llamada se nos da nuevamente en cada época. Esta mejor expresado en éstas palabras de Nuestra Señora a Santa Catalina: “Vengan al pie de la altar, y recibirán muchas gracias”.

Éste mensaje sencillo no sólo se trata de encontrar una posición en el altar del Señor, sino en el abrazar un estilo de vida que da testimonio al amor de Dios y el servicio hacia el prójimo. Las apariciones de Nuestra Señora a Catalina tuvieron lugar a través de largo ministerio de cuidar a los ancianos, una vocación difícil en su tiempo y en el nuestro. Sin embargo, la llamada a Catalina (y por extensión a nosotros) de “ir al pie del altar” es una invitación para ser nutridos por el Señor Jesús en la eucaristía, por su Palabra sagrada, buscando su divina voluntad, y en devoción su Madre, María.

Nuestra Señora le dio a Santa Catalina un instrumento muy valioso para evangelizar. No es una doctrina profunda, sino una medalla sencilla. Su instrucción fue que se hiciera una medalla y que urgiera al pueblo que la llevaran como un signo de la fe en Jesús, simplemente dicho, la Medalla representa la historia de nuestra salvación y la victoria sobre la muerte y el pecado ganado por Jesús y modelado en la vida sin pecado de María. La medalla es asombrosa porque Nuestra Señora misma nos presentó el diseño. Cómo ya conocemos, el adverso de la medalla representa a María de pie sobre un globo con la cabeza de una serpiente debajo sus pies. Alrededor de la medalla ovalada esta nuestra oración “O María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”. En el adverso, doce estrella envuelven a una gran letra “M”, desde donde sale una cruz. Debajo la “M”, están unas medallas que representan los dos sagrados corazones encendidos de Jesús y María.

El título de la “Medalla Milagrosa” no originó de Nuestra Señora ni de Santa Catalina, sino por la aclamación pública. Después de rezar para la intercesión de María y llevando la medalla, el pueblo empezó a experimentar los dones y las gracias de ésta devoción en sus vidas. Sus efectos fueron mucho más de lo que esperaban y mucho más que sus sueños. Ésta medalla es un signo de fe que da testimonio de al amor de Dios y el embalse infinito de la intercesión de María. Es un ejemplo de la evangelización en acción.

Si cualquier grupo de la Iglesia de hoy recibiera y se esforzase de estar en la vanguardia de la “Nueva Evangelización”, esto somos todos nosotros como miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa. Conocemos las gracias recibidas a través de la intercesión amorosa de María, que nos lleva al poder redentor de su Hijo Jesús. Ésta medalla y nuestra asociación nos llevan a un discipulado más profundo, y finalmente a Jesús y María, que nos enseñan el camino para ser agentes de evangelización.

Nuestro Santo Padre, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, ha llamado a Nuestra Santísima Madre la “Estrella de Evangelización.” Él nos dice el por qué: “Junto al Espíritu Santo, María está siempre presente en medio del pueblo. Se unió a los discípulos para orar para la llegada del Espíritu Santo (Hechos 1:14) e hizo posible la explosión misionera que sucedió el día de Pentecostés. Ella es la madre de la Iglesia, que evangeliza, y sin la cual no podemos entender completamente el espíritu de la nueva evangelización.” (EG, 284)

El Papa Francisco verifica la importancia de la medalla de Nuestro Señora y de Nuestra Asociación cuando dice, “Existe un estilo Mariano en el trabajo de evangelización de la Iglesia. Cada vez que miramos a María, llegamos a creer en la naturaleza revolucionaría del amor y la ternura. En ella, vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles y los pequeños, sino de los fuertes…María es capaz de reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los eventos pequeños y grandes. Ella contempla constantemente el misterio de Dios en nuestro mundo, en la historia humana y en nuestro diario vivir.” (EG, 288)

Por eso nos reunimos en ésta Eucaristía al concluir nuestro tiempo junto: para recordarnos de quiénes somos, y para ser enviados como un pueblo cristiano portadores de la Buena Nueva de Jesús. Al escuchar la palabra de Dios, al recibirle en la Eucaristía, ofrecemos nuestras oraciones, y nos preparamos para regresar a casa, qué estemos verdaderamente agradecidos por nuestro tiempo junto. ¡Qué Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa interceda por nosotros y continúe vigilando sobre la Asociación, cómo la hecho a través de los siglos! Termino con una oración que el Papa Francisco ofreció al final de Evangelii Gaudium:

María, Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a dar testimonio radiante en la comunión, servicio, una fe ardiente y fervorosa, justicia, y el amor de los pobres, que el gozo del Evangelio alcance los confines de la tierra, iluminando hasta los limites de nuestro mundo. Madre del Evangelio viviente, fuente de gozo para los pequeños de Dios, reza por nosotros. Amen. ¡Aleluya!