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Eucaristía de apertura:homilia - P. Carl Pieber, CM


Director General, Obispo Cabezas, mis hermanos y hermanas, les doy la Bienvenida a nuestra y primera asamblea bajo los nuevos estatutos que fueron aprobados por la Iglesia el 10 de Abril, 2010. Demos gracias al Señor.

Cómo con todos los estatutos, son guías. Una guía nos llama a mejorar la formas en que realizamos las cosas o nos ayudan a encontrar lo que deseamos, Estos estatutos nos llaman a la oración, nos llaman a los que es importante, y nos llaman a la acción. Estos estatutos realizan lo que tienen que hacer. Pero son limitados. Estatutos sólo pueden usar “palabras.” Las “Palabras” es lo único que contienen los estatutos para ayudarnos.

En éstos estatutos, hay muchas palabras, En las 14 páginas, existen 4,215 palabras para ser más precisos. Podemos leer palabras, y más palabras. Con tantas palabras, nos tientan a tomarlas como una excusa y a hasta pueden perder su fuerza y enfoque.

Recuerden mis hermanas y hermanos, Dios sólo utilizo una palabra para salvar al mundo. Esa palabra se hizo carne en la Virgen María. Démosle gracias a Dios y gracias a María. Dios nos creó como personas que se dan, Seres humanos están llamados a dar de si mismos. Estamos creados a ser dadores de vida para los demás, a los pobres, y hasta los enemigos, no sólo una vez, no sólo 70 veces 7, pero cada momento de nuestras vidas.

Recalco como dice la primera lectura, Cristo…tomando al forma de esclavo, llegando como ser humao, se humilló… Dénse cuenta hermanos y hermanas, en esa última frase: se humilló… escuchamos eco de María, que era la humilde esclava que nos dio a su hijo Dios.

Este lenguaje Divino no tiene otro igual. Cuánto más lo utilizamos, más lo haremos nuestro. Y cuánto hacemos lo que el lenguaje nos dice, menos necesitaremos el lenguaje y seremos más la Palabra de Dios, hecha humana, hecha carne.

El lenguaje de los estatutos nos llama a la oración, hacia lo que es importante, y a tomar acción. Nuestro lenguaje en la Asociación de la Medalla Milagrosa siempre nos llama hacia María y al significado de su don, su Medalla Milagrosa. Nuestro lenguaje siempre nos llama hacia al Hijo, Jesucristo, que es la cabeza del Cuerpo Místico de Cristo. Nuestro lenguaje siempre nos llama a San Vicente y hacia aquellos que claman en un mundo ensordecido.

Cuánto más nos convertimos en esas palabras, estas nos llaman a la acción, esta “Trinidad de la Medalla Milagrosa” de Jesús, María y Vicente, más seremos esa sola palabra, el lenguaje de Dios.

Estén prevenidos. El lenguaje de Dios es el lenguaje de la acción. Escuchen la acción de Dios en el evangelio de hoy.


Vayan rápidamente a la calles y callejones .
...traigan a los pobres, los cojos, los ciegos y los lame
llénen mi casa.

Este lenguaje divino de María a Santa Catalina Labouré es el mismo. “Vengan al pie del Alar, “lléven esta medalla” “Díganle al pueblo que recen”

Las palabras de Jesús en esta parábola, las palabras de María y el sí, las palabras de estos estatutos, todas son palabras de acción.

En esta asamblea general escucharán muchas palabras, Diez veces más que en los estatutos y quizás más dependiendo de quién esté hablando. Pero mis hermanos y hermanas, estamos siempre, en la fe, mandados a ser uno con la Palabra Única, la palabra encarnada de María. Ésta asamblea nos enseñará a usar el lenguaje de Dios. A través de ésta asamblea, nos convertiremos en la Palabra Acción, la Divina Palabra a nuestros países y al mundo.

Al continuar con esta eucaristía, continuaremos celebrando el lenguaje de Dios de orar y actuar. Tomen este cuerpo y cómanlo, porque ese Cuerpo. Tomen este cáliz y beban de Él, porque es mi Sangre. Sean Jesucristo.

Esta acción, es el lenguaje de Dios. A través de la Eucaristía, nos convertiremos en ese UNO, encarnado, plenamente humano, palabra de Dios para todos. La Palabra encarnada en nosotros salva al mundo, porque solo en la Eucaristía nos convertimos plenamente en la palabra encarnada de Dios, hablada desde las cruces de amor. Y esta palabra salva a nuestros hermanos, nuestros enemigos, y nuestro mundo.

¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!