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Enciclopedia:Efemérides/9 de junio

1656. Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre los avisos, en la que se trata de los motivos para recibir bien los que se nos dan, ya sean en público o en privado y ya sean del superior, los oficiales o los particulares, en el capítulo, y se exponen los medios para recibir bien los avisos y sacar provecho de ellos. Vicente pregunta a los sacerdotes y hermanos presentes: "¿puede una persona con razón enfadarse porque le avisan que tiene una mancha en el rostro o que está roto su traje? Sin duda que no; debe mostrarse agradecida. ¿Por qué vamos a ver mal que nos adviertan nuestros defectos? Ciertamente que no; por el contrario, hay que estar contentos de ello e incluso pedir a nuestros hermanos que nos hagan ese favor". Más adelante se refiere a los avisos que no se corresponden con la verdad en estos términos: "Si es verdad, no tenemos motivos para ver mal que nos adviertan; por el contrario, hemos de humillarnos y corregirnos. Si no es verdad, pues bien, se trata de una ocasión que la Providencia nos presenta para sufrir y practicar un acto de virtud heroica. Y si exageran un poco y dicen alguna circunstancia que realmente no sucedió como se ha dicho en el advertencia, también hemos de soportarlo pacientemente. Decidme, hermanos míos, el Hijo de Dios que era la misma inocencia, ¿cómo soportó las advertencias y las falsas acusaciones que le hicieron? Ya lo sabéis; no tengo necesidad de decírselo. ¿Por qué vamos a ser tan viles y tan miserables que no queramos soportar los avisos que se nos den?". Vicente dice que puede incluso ocurrir que el superior que hace una advertencia que no es del todo cierta lo sepa perfectamente y lo haga para probar si la persona es apropiada para el cargo al que se la quiere destinar.

1658. Carta de Luisa de Marillac a Vicente de Paúl en el día de Pentecostés, en la que le recuerda que por estas fiestas se procede a la elección de las oficialas y añade: "El establecimiento fija que la superiora será elegida de tres en tres años y, hasta ahora, parece de por vida. Si su caridad juzgara a propósito comenzar a hacerla electiva, siempre que esto no perjudicará en nada a la debilidad y pretensiones que las personas de baja condición se forman fácilmente, me parecería muy a propósito".

1658. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la confianza en la Providencia, en la que explica el artículo 41 de las Reglas Comunes, que dice: "Tendrán una gran confianza en la Providencia divina, abandonándose por completo a ella, como un niño pequeño hace con su nodriza, y se persuadirán de que, con tal que, por su parte, traten de ser fieles a su vocación y a la observancia de sus reglas, Dios las tendrá siempre bajo su protección, las asistirá en todo lo que sea necesario, tanto para el cuerpo como para el alma, en la hora misma en que pensarán que todo se va a perder".

1843. En Roma, el papa Gregorio XVI firma el decreto de introducción de la causa de beatificación de Juan Gabriel Perboyre, que había sido martirizado tres años antes.

1859. Doce hijas de la Caridad se embarcan con destino a Argentina. La Provincia será erigida en 1861. Las guerras darán lugar a la incorporación de hermanas de refuerzo. En 1868 la Visitadora y tres hermanas más morirán de tifus. La Provincia tendrá centros de caridad en tres países: Argentina, Uruguay y Paraguay. En 1972 será erigida la Provincia de Paraguay.

1883. Las Hijas de la Caridad llegan a La Paz, en Bolivia.

1920. Muere en Colonia el P. Paúl Bedjan. Nació el 27 de noviembre de 1838 en Khosrova, en la provincia persa de Salmas, siendo uno de los primeros alumnos de la Misión de Persia, cuya fundación había sido pedida con insistencia por el que más tarde sería ordenado sacerdote paúl en 1850 y elegido decimoquinto superior general de la Congregación de la Misión en 1874, Eugenio Boré. Bedjan fue recibido el 27 de octubre de 1856 en el seminario interno de la Congregación de la Misión en París. Tras su ordenación sacerdotal, el 25 de mayo de 1861, trabajó trece meses en el seminario de Khosrova y a continuación fue destinado a Ourmiah por el P. Agustín Pedro Cluzel, futuro delegado apostólico de Irán. Allí se dio cuenta de la necesidad de dotar al clero y pueblo caldeos de libros religiosos. Para ello comenzó a imprimirlos con una modesta imprenta traída de Francia, pero, a partir de 1880, se trasladó a París y permaneció en Europa para hacer posible la distribución de miles de libros católicos en su país natal. A la vez que ejerció de capellán, primero quince años en Ans (Bélgica) y luego en Colonia hasta su muerte, se dedicó a la publicación de unas cuarenta obras redactadas en diversos idiomas orientales, que fueron acogidas calurosamente por sus compatriotas católicos e incluso por algunas sectas. En dos ocasiones el clero y el pueblo pidieron a Roma que les diese a Paúl Bedjan como obispo, peor la intención de este de permanecer en Europa para seguir con su labor y la persistente irritación que provocó en el patriarca de Mosul su forma de proceder a la refundición del breviario y misal caldeos le preservaron del episcopado. Los últimos nueve años de su vida se dedicó a la traducción al caldeo moderno del Nuevo Testamento, pero desafortunadamente este trabajo no pasó de ser un manuscrito. Los más eminentes especialistas en literaturas orientales alabarán la obra de sabio llevada a cabo por Paúl Bedjan.