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Enciclopedia:Efemérides/7 de noviembre

1659. Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre los votos. Es la primera de una serie sobre el tema que se desarrollará durante siete viernes consecutivos. En la de hoy se trata del artículo 18 del capítulo II de las Reglas Comunes, que dice: "Siendo la misión de Jesucristo en el mundo restablecer el imperio de su Padre en las almas que el espíritu maligno le había arrebatado por el amor desordenado de las riquezas, del honor y del placer, que astutamente había extendido en el corazón de los hombres, este benigno Salvador juzgó que era apropiado combatir a su adversario con armas contrarias, a saber con la pobreza, la castidad y la obediencia, como hizo hasta la muerte. Y esta pequeña congregación de la Misión, que ha sido suscitada en la Iglesia para dedicarse a la salvación de las almas, principalmente las del pobre pueblo de los campos, ha pensado que no podía servirse de armas mejores, ni más propias, que las mismas de las que la Sabiduría eterna se ha servido tan feliz y ventajosamente. Por ello todos y cada uno en nuestra congregación guardarán fiel y perpetuamente esta pobreza, castidad y obediencia, según nuestro Instituto. Y para que con más seguridad, más fácilmente e incluso con más mérito puedan perseverar hasta la muerte en la práctica de estas virtudes, cada uno tratará, con la ayuda de Dios, de ejecutar lo más fielmente que pueda, lo ordenado sobre este asunto en los capítulos siguientes". Vicente dice que deben dar gracias a Dios por el estado en que les ha puesto, que es en el que puso a su propio Hijo, que dice de si mismo "evangelizare pauperibus misit me". Vicente explica que los votos de la Congregación son simples en lugar de solemnes, ya que no hay un superior que los acepta, ni se hacen en una de las órdenes aprobadas por la Iglesia, ni interviene el Papa. Vicente añade que, como consecuencia del carácter simple de los votos, los miembros de la Congregación de la Misión no son religiosos. Refiriéndose a los sacerdotes de la Congregación, Vicente expone que los votos de castidad y obediencia los han hecho ya en la ordenación. El único que faltaría es el de pobreza, "que se ha añadido por causa de la pasión y del deseo de bienes, mucho mayor en los eclesiásticos que en los laicos, a pesar de no tener tantas cargas como éstos, ni familia que gobernar, ni hijos de que ocuparse. Incluso se advierte que son más duros con los pobres y tienen menos compasión para socorrer sus necesidades". Vicente se refiere a las quince conferencias que se han tenido para ver de dónde procedía el estado tan lamentable de la Iglesia y de los eclesiásticos, tan apegados a los bienes y al deseo de poseer, y lo atribuye a la división de los bienes que ha dado a cada uno su parte. Menciona que al principio, todo era común y sólo se le daba a cada uno según sus necesidades y exclama "¡Cuánto florecía entonces la Iglesia! y ¡cuán virtuosos y perfectos eran los eclesiásticos!". Dice que ese último es el estado en que se encuentran en la Congregación, tanto sacerdotes como hermanos. Vicente sostiene que el carácter simple de los votos no impide que se tenga la misma recompensa por ellos que los religiosos y termina invitando a dar gracias a Dios, al que le pide por los miembros de la Congregación.

1867. En el cementerio de Montparnasse de París, el superior general de la Congregación de la Misión, P. Juan Bautista Étienne, a las ocho, celebra una misa en el pequeño oratorio de la tumba destinada a recibir a los sacerdotes y hermanos de la Congregación difuntos. A continuación recita un responso ante los restos de Marcos Poussou y José Wargnier, que han sido exhumados de las tumbas particulares que ocupaban hasta entonces. Los trabajos de acondicionamiento han terminado hacia diciembre de 1866. Tal como ha quedado, se trata de una tumba comunitaria con setenta y dos compartimentos que se extienden en dos lados a lo largo de trece metros de profundidad. En 1956 se estimará en cuatrocientos treinta el número de difuntos cuyos restos ha estado en ella más o menos tiempo.

1880. Los misioneros paúles, que ya habían ido allí para atender a los heridos de guerra, se establecen definitivamente en Paraguay.

1916. En el Berceau de Saint Vincent de Paul, donde se encuentra descansando por prescripción médica, muere el decimoséptimo superior general de la Congregación de la Misión, P. Emilio Villette. Nació en Somain, diócesis de Cambrai, en 1855. Estudió cuatro años en el gran seminario de Orán. Fue nombrado superior del seminario de filosofía de Solesmes en 1877 e hizo del mismo un laboratorio de estudios y un noviciado de vida clerical. Nueve años después fue vicesuperior del gran seminario de Cambrai, a cuyo superior durante cuarenta y un años, el P. Sudre, que gozaba de un inmenso prestigio, sucedió. Pero en 1903 se cerraron los veintitrés seminarios de Francia y el P. Villette fue nombrado procurador general de la Congregación, representando al superior general, P. Antonio Fiat, en las visitas oficiales que hizo a Estados Unidos, Oriente, Austria, Polonia, Alemania, España e Italia. Sirviendo a la Iglesia y a la Congregación, fue también un buen servidor de Francia, cuyo ministerio de Asuntos Exteriores le tenía una estima particular. Hace veintiocho meses que la vigésimo séptima Asamblea lo ha elegido como sucesor del P. Fiat. Durante su generalato ha animado especialmente al servicio de los heridos de guerra.

1920. Desde París, el superior general, P. Francisco Verdier, que se ha propuesto recuperar un ritmo normal en las obras de las Congregación de la Misión, a pesar de las conmociones de la Primera Guerra Mundial, envía a los misioneros de Argelia una circular en la que anuncia la restauración de su provincia, que erigida en 1850, había sido puesta bajo la jurisdicción del visitador de Provenza. El nuevo visitador es el P. Santiago Frasse, que ya está trabajando en el norte de África. La antigua provincia de Argelia es ampliada con las dos casas de Túnez y la Misión de Abisinia.