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Enciclopedia:Efemérides/6 de enero

1642. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre las faltas del año pasado. Vicente dice que comenzará haciendo una especie de rendición de cuentas de los defectos del año pasado en que citará siete que ha observado o le han contado. El primero, y único que figura en el escrito que se conserva sobre la conferencia, es que no se soportan nada las unas a las otras. Invita a las hermanas más antiguas a soportar los defectos de las nuevas y animarlas con el ejemplo y la palabra. Entonces se le dice que hay varias hermanas que se escandalizan por las que dejan la Compañía, sobre todo tras ocho o diez años, y a otras les apena que la gente les pregunta lo que ganan, o las acusa de estar perdiendo el tiempo y las llama vagas. Vicente dice que no debería extrañar a nadie las que han salido de la Compañía, destaca la paciencia que se ha tenido con ellas y dice que, si cambiándolas ya sea de lugar, ya sea de compañeras y usando toda clase de medios para que perseverasen en la vocación, no ha sido posible, no es razonable que permanezcan en la Compañía a riesgo de que le causen daño. Luego les dice como deben contestar a la gente y deja para dentro de un mes una nueva reunión para tratar de lo que conviene hacer al comienzo del año.

1657. Carta de Vicente de Paúl al misionero Guillermo Delville, que era un sacerdote de treinta y tres años cuando ingresó en la Congregación de la Misión, y ahora, con cuarenta y nueve años, está en Arras. En la carta Vicente se refiere a los criterios que debe seguir antes de enviar a París candidatos a ingresar en la Congregación, ya que, últimamente, por no ser capaz de resistirse a las presiones de los que pedían por ellos, ha enviado a dos que han sido rechazados: uno de ellos cojo y el otro que no tenía suficientes conocimientos de latín, como pudo comprobarse al hacerle escribir una composición. Vicente le insta a elegir libremente y le pide que haga escribir a los candidatos en su presencia y le mande lo que escriban así como sus costumbres, edad, salud, cualidades, etc., para que se pueda juzgar si serán apropiados antes de enviarlos.

1657. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la obligación de trabajar en la propia perfección. Comienza dando dos razones para trabajar cada vez más en la propia perfección: la primera es que así lo hizo Nuestro Señor desde su nacimiento; la segunda, que si no mejoramos, empeoramos, pues "en materia de virtud, es imposible mantenerse en un mismo estado". Pone el ejemplo de un barco que sube un río a contracorriente por lo que se debe remar sin cesar. Dice que "la religión católica quiere cosas contrarias a la naturaleza; lleva a las cosas del cielo, a la práctica de la virtud", que para perfeccionarse hay que mortificarse continuamente, tanto exterior (los cinco sentidos) como interiormente (las once pasiones y tres facultades del alma). Pone diversos ejemplos de mortificación y entre ellos menciona que, cuando se sienta demasiado afecto por el lugar en el que se está, se debe comunicar a los superiores, advirtiéndoles del temor de que, si se permanece en él mucho tiempo, se tendrá pena al dejarlo. Una hermana pregunta si está diciendo que quiere que se convierta en enemiga de si misma, si quiere que se destruya a si misma. Vicente contesta que sí, ya que si no lo hace, retrocede en el camino de la virtud. Continúa poniendo ejemplos de mortificación, como el del entendimiento, que lleva a criticar lo que los superiores dicen, o, si se tiene el deseo de comulgar más que las demás hermanas, se debe mortificar para seguir a la comunidad. Dice que la piedra de toque para perfeccionarse es mortificase en todas las cosas. Rebate la actitud de quien dice que basta con cumplir los mandamientos y no cometer pecado mortal; insiste en que hay que mortificarse y cita a san Agustín para comparar a las personas que no dan importancia a los pecados pequeños con un barco que acaba hundiéndose por llenarse el casco de agua a través de un pequeño agujero en el fondo del mismo. Dice que hay que rezar por las hermanas que estén en ese estado y ayudarlas a salir de él; pero los superiores deben purgar a la Compañía de las que persistan en el mismo durante años. Termina con una oración en la que pide la gracia de trabajar continuamente en perfeccionarse.

1658. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre los artículos 33, 34 y 35 de las Reglas Comunes. La regla 33 es: "Y para evitar varios grandes inconvenientes que perderían al final la Compañía si cada una tuviera la libertad de descargar su corazón con quien quisiera, no comunicarán nada de sus tentaciones y otras penas interiores a sus hermanas, menos aún a las personas externas, sino que se dirigirán para ello a la superiora, a aquella que la represente, o al superior, o al director designado por él, y, en caso de necesidad, a su hermana sirviente, pues Dios los ha llamado para ello". Vicente explica la regla y desarrolla un discurso basado en la idea de que las tentaciones se deben comunicar a los superiores y no a las otras hermanas ya que de hacerlo a estas se corre el doble riesgo de obtener un mal consejo y extender la tentación. La regla 34 establece que "Yendo por las calles, e incluso en las casas a las que irán, no se detendrán con los externos sin gran necesidad; y entonces hablarán poco y cortarán por lo sano". Explicando la regla Vicente dice que si alguien les pide noticias de una hermana o en qué lugar está o qué se hace en la Compañía, pueden contestar "Le ruego que me excuse. Todo lo que puedo decirle es que yo soy la peor de todas, aunque vuestra muy humilde servidora" y retirarse. La regla 35 dice: "Sobre todo pondrán cuidado en callar las cosas que obligan al secreto, particularmente lo que se dice en las conferencias, comunicaciones o confesiones, etc.". Vicente aclara los casos en que se puede contar alguna de las cosas que oigan en las conferencias, como por ejemplo a una hermana que no ha podido asistir, o en una situación apropiada, sin citar la procedencia, siempre que sea para edificar.

1788. El prefecto apostólico de Madagascar y las islas de Francia (isla Mauricio) y Bourbon, el paúl Carlos José Darthé, dirige un memorándum al ministro de marina francés pidiendo un beneficio de veinticuatro mil libras o tierras en la Isla Mauricio para poder mantener a los misioneros. Desde hace una decena de años la Congregación de la Misión trata de reanudar la misión de Madagascar. Para ello el superior general, P. Antonio Jacquier, designó al P. Gabriel Durocher, que se embarcó en 1776 con rumbo a Isla Mauricio y que, a pesar de diversas estancias en Madagascar no ha podido lanzar efectivamente la misión, que se ha visto dificultada por la presencia de colonos y soldados franceses. El nuevo superior general, P. Félix Cayla de la Garde, designará en este año dos misioneros para que se unan al P. Durocher, pero la Revolución francesa hará que los proyectos de evangelización de Madagascar se abandonen durante un siglo.

1860. Los restos mortales de Juan Gabriel Perboyre son recibidos en la Casa Madre de París en el aniversario de su bautismo, que tuvo lugar en 1802 en Puech, aldea de la parroquia de Montgesty, perteneciente a la diócesis de Cahors. Los restos han sido traídos desde China por el vicario apostólico de Kiang-Si, el paúl Mons. Francisco Javier Danicourt.