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Enciclopedia:Efemérides/31 de octubre

1650. Luisa de Marillac escribe una de sus meditaciones: "Me ha parecido que, para ser fieles a Dios, debíamos estar en una gran unión las unas con las otras, como el Espíritu Santo es la unión del Padre y del Hijo. La vida que voluntariamente emprendemos debe ejercerse en esta gran unión de los corazones que nos impide indignarnos de las acciones de los demás, y nos da un gran apoyo y una cordial dulzura con nuestro prójimo. Esta virtud, como también la de la dependencia total de la divina Providencia, es, me parece, una de las cosas más señaladas que Dios nos pide para la subsistencia de la Compañía".

1659. Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la santidad, dividida en tres puntos: lo que obliga a tender con fuerza a la santidad; en qué consiste esta; los medios para convertirse en santos.

1931. En París, muere el paúl P. Raúl Dujardin, dejando un recuerdo como profesor excelente. El carácter vivo y penetrante de su inteligencia y su profunda piedad atrajeron la atención de sus primeros maestros y también la de sus profesores y directores de los seminarios menor y mayor de Évreux. Recién ordenado sacerdote, ejerció como vicario de Nuestra Señora de Louviers y, después, como párroco de Tourville-la-Campagne. El 11 de octubre de 1890, con veintiocho años, fue recibido en el seminario de la Congregación de la Misión de París y pronto fue uno de los profesores más eminentes que haya tenido el seminario de Cambrai. En 1903, con el acuerdo del superior general, P. Antonio Fiat, fue uno de los paúles que se secularizaron para continuar su ministerio en Francia. Fue nombrado director del seminario de Bernay, en la diócesis de Évreux, cuyo obispo, Mons. Felipe Meunier, le hizo canónigo en 1907 y vicario general en 1909. Pero, tras una gran prueba que arruinó su salud, el P. Dujardin sintió, a la vez que hastío del mundo, el deseo de acabar su vida en la Cartuja. Tras tres estancias más o menos largas en la Cartuja de Farneta, en Italia, se vio obligado a renunciar a su deseo porque una doble lesión cardiaca le impedía cantar el oficio y esta era una condición rigurosamente exigida por la regla cartuja. Durante estos ensayos, el P. Dujardin estuvo encargado, con el título de superior honorario del gran seminario, de una pequeña parroquia de la diócesis de Évreux; una vez abandonada la intención de ser cartujo, se puso a la completa disposición del P. Fiat. Uno tras otro, el Colegio Alberoni, Beauvais, la Casa Madre y Estrasburgo disfrutaron de sus admirables talentos como profesor. En 1927 regresó a la Casa Madre, realizando todo tipo de trabajos en sus últimos años. Entre ellos, el estudio de la cuarentena de cuadernos con las observaciones enviadas por las provincias sobre los libros de la Comunidad y la preparación, a partir de ellos, de un proyecto, acorde con el Código de Derecho Canónico, que, sin grandes modificaciones, fue adoptado en 1931 por la XXIX Asamblea General. El P. Dujardin no creyó nunca que su gran capacidad intelectual le dispensase de trabajar en profundidad: fue su manera de mantenerse en contacto con el Dios al que el hubiera querido servir desde la soledad y la contemplación.