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Enciclopedia:Efemérides/30 de diciembre

1651. Muere María des Landes, esposa del presidente del Parlamento, Cristián de Lamoignon. Fue presidenta de las Voluntarias de la Caridad y una de las más insignes colaboradoras de Vicente de Paúl en el servicio a los pobres. Durante diez años dirigió a las Damas de la Caridad del Hôtel-Dieu. Este mismo día Luisa de Marillac da la noticia a sor Cécilia Angiboust con estas palabras: "Encomiendo a sus oraciones el alma de la buena señora Presidenta De Lamoignon, a quien Dios ha sacado de este mundo esta noche para hacerle gozar de la gloria que el Hijo de Dios nos ha merecido".

1657. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre las relaciones con los externos, las murmuraciones y las maledicencias (artículos 30, 31 y 32 de las Reglas Comunes). Vicente comienza destacando la importancia de las reglas: "los que quieren atravesar el mar tormentoso de este mundo y llegar a la perfección que conduce al cielo, deben necesariamente estar en el barco de la Iglesia y guardar la ley de Dios para pasar este mar. Esto es para los que permanecen en el mundo, los otros deben además guardar las reglas de la comunidad a la que son llamados. He aquí su vía de salvación. No solo esto, sino que si guardan sus reglas, serán todas santas". La trigésima regla dice: "Dado que las comunicaciones frecuentes con los externos, salvo en caso de necesidad, pueden ser tan perjudiciales para la pureza y la vocación de las Hijas de la Caridad como ventajosas y meritorias son cuando se hacen por obediencia y para cumplir con su obligación hacia los pobres, mientras estén en la casa de su comunidad, no hablarán a nadie de fuera, en especial del otro sexo, ni harán que hable otra hermana, sin permiso de la superiora, o, en las otras casas, de la hermana sirviente". Vicente destaca la importancia de que los superiores sepan lo que ocurre en la casa y que decidan si una hermana debe hablar o no con alguien que visita la casa por las complicaciones espirituales que esta conversación puede acarrear. Pone varios ejemplos, entre ellos, se refiere a que Jesucristo mando a los apóstoles siempre de dos en dos y les dijo que no saludaran a nadie por el camino, ni parientes ni amigos, porque esto les entretenía. Deduce que el Señor instruyendo a los apóstoles les decía que no hablaran nada con los externos. Cita la regla, más rigurosa, de la orden de Santa María, instituida por el Obispo de Ginebra, Francisco de Sales, que prohíbe que una hermana le hable a otra sin permiso de la superiora. Vicente termina la exposición sobre está regla, diciendo que, si alguien le preguntara si no le parece demasiado austero no hablar ni con un pariente, el contestaría que "de ninguna manera, puesto que Nuestro Señor lo hizo así en su compañía con los apóstoles. Mis hermanas, las almas buenas de entre vosotras, no dirán eso, al contrario, bendecirán a Dios por encontrarse en un lugar donde se previene el mal antes de que llegue". La trigésima primera regla establece: "No tendrán ninguna curiosidad de enterarse de los asuntos de la casa para encontrar que criticar de lo que se hace, sobre todo para murmurar contra el proceder del superior o la superiora o la hermana sirvienta, contra las reglas y buenas prácticas de la Compañía, dado que está clase de murmuración es capaz de avivar la maldición de Dios sobre la persona que la hace y sobre la que la escucha con complacencia y en fin sobre toda la Compañía por el gran escándalo que causa". Vicente dice que criticar lo que hacen los superiores es murmurar. Cuando oigan murmurar digan: "Los superiores hacen esto, hay que creer que Dios se lo ha inspirado y hacen lo mejor que pueden. Vemos que no aspiran más que a perfeccionarnos. ¿Qué pretenden en todo lo que ordenan? Trabajan para hacernos santas. Por eso todo lo que digan o hagan estará bien". La trigésima segunda regla es: "En sus conversaciones, tendrán cuidado de no descubrir los defectos de los demás, en especial de sus hermanas, y de no escuchar a las que hablen mal. Por el contrario se lo impedirán tanto como puedan; si no, se retirarán prontamente, como si escucharan el silbido de una serpiente". Vicente explica que la regla prohíbe la maledicencia por lo que se debe hablar siempre bien de las hermanas aunque sin adularlas. Se puede decir, cuando lo percibimos, esto no está bien; pero sin maledicencia. Vicente dice:"Yo veo claro como el día que soy peor que el diablo, ya que si el diablo hubiera recibido tantas gracias como Dios me ha dado, no digo gracias extraordinarias, digo solamente las gracias comunes, no habría demonio en el infierno que no fuera mejor que soy. Así, mis hermanas, acuérdense de estimar a todas sus hermanas más perfectas que ustedes mismas; crean que ellas son buenas y que ustedes son la peor de todas. Si hacen esto, ¿qué ocurrirá? Será que ustedes harán de esta Compañía un paraíso y que con justicia se podrá decir que es una asamblea de almas bienaventuradas sobre la tierra, que un día tendrán cuerpos llenos de gloria en compañía de Nuestro Señor y de la Santa Virgen. Será un amor perpetuo de Dios hacia el prójimo y aumento del amor de unas a otras; de donde resultará una paz y una concordia que es, verdaderamente, un paraíso".

1730. En Versalles, Luis XV firma las Cartas patentes que confirman la unión del seminario de Villefranche-de-Rouergue a la Congregación de la Misión. Este seminario esta instalado alrededor de una capilla de peregrinaje dedicada a Nuestra Señora de las Trece Piedras. El beneficiario de este santuario era Raimundo Bonal, que, hacia 1634, vino a París para consultar a Vicente, el padre de Condren y al padre Olier, sobre una comunidad que quería fundar para las reforma de las parroquias, la predicación de misiones y la formación del clero. Su pequeña sociedad religiosa los Bonalistas fue aprobada por el papa Alejandro VII, con el título de Sacerdotes de la Visitación de Santa María. Pero la dependencia directa de los obispos contenía un germen de inestabilidad, que llevará a que, a lo largo del siglo XVIII, la mayor parte de las casas de los Bonalistas se unirán a la Congregación de la Misión. La unión del seminario es un ejemplo.