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Enciclopedia:Efemérides/29 de abril

1656. Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad, el tercero en cinco días. Vicente de Paúl comunica que ha hablado con la Señora de Fouquet y esta ha quedado en hablar con su hijo, el Obispo de Agde, sobre una casa en forma de seminario para poder recibir y cambiar a las hermanas alejadas de París. Vicente añade que el obispo necesita dos hijas de la Caridad para atender un hospital por lo que hay que decidir si se puede atender la petición, si hay hermanas disponibles, si se debe esperar a que se establezca la casa seminario y si se debe poder retirar a las hermanas si se les pide algo contrario a sus reglas y las pueden despedir si no sirven bien a los pobres. Las respuestas que se dan son que, si se reconoce que es la voluntad de Dios, hay que atender a la petición; que será difícil disponer de dos hermanas, pero no será imposible si no hay que atender urgentemente otras peticiones; respecto a la casa, sería bueno saber la determinación de esas personas; por último, que se debe continuar con la práctica de la Compañía de retirar las hermanas en caso de necesidad y que puedan despedirlas si no viven como Hijas de la Caridad. Vicente apostilla: "entonces a todas les parece que es justo despedir a las Hijas de la Caridad si se dejan llevar al desorden, y tienen razón; pues vale más que haya pocas, véase ninguna, que verlas hacer todo lo contrario de lo que su vocación les demanda. La Señorita Le Gras no pretende ver, cuando esté en el cielo, malas hijas que no hagan más que comer el bien de los pobres y dar mal ejemplo a los que las ven".

1785. Llegan a Pekín, tras una escala de ocho meses en Cantón, los sacerdotes Nicolás Raux y Juan José Ghislain y el hermano José París, que habían embarcado en Brest el 20 de marzo del año anterior. El Emperador los recibe con benevolencia. Los Jesuitas, a los que vienen a relevar a causa de la disolución de su Compañía por el papa Clemente XIV en 1783, los acogen muy amistosamente e incluso escriben al superior general de la Congregación de la Misión, P. Antonio Jacquier, que ven a la Congregación "como una segunda madre que podría consolarlos de la pérdida de la primera, si hubiera algo en el mundo que pudiera consolarlos".

1830. En París, a las cinco de la tarde, el rey Carlos X acude a la capilla donde se encuentran las reliquias de san Vicente. Le acompañan la Delfina y la duquesa de Berry. Es recibido por el Arzobispo de París, Mons. Jacinto Luis de Quélen, y los Sacerdotes de la Misión. Tras venerar las reliquias y recibir la bendición del Santísimo Sacramento, el rey le dice al superior general, P. Domingo Salhorgne, que "rezar por el bienestar de mi pueblo, es rezar por el mío".