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Enciclopedia:Efemérides/28 de septiembre

1660. En la mañana de este día acude a la capilla de San Lázaro una multitud de gentes que quieren ver el rostro de Vicente de Paúl. Un grupo de misioneros intenta impedir que se aproximen demasiado al cuerpo expuesto en la capilla de san Pedro; sin embargo, algunos logran arrancar trozos de la ropa o cabellos del sacerdote que tanto amó a los pobres. Hacia las diez de la mañana se inician los funerales. Preside el Nuncio en Francia, Mons. Celio Piccolomini. Asisten seis obispos, abades, la mayoría de los párrocos de París, los eclesiásticos de las Conferencias de los Martes, el príncipe de Conti, Armando de Borbón, sobrino del Rey, los presidentes del Parlamento, la duquesa de Aiguillon con las Voluntarias de la Caridad, las Hijas de la Caridad rodeando a la recién nombrada superiora general, sor Margarita Chétif, deshecha en lágrimas, y una muchedumbre del pueblo, que desborda las dimensiones de la capilla. Al terminar, el cuerpo es colocado en un ataúd de plomo dentro de otro de madera y depositado en la tumba abierta en medio del coro. El corazón, las entrañas y el hígado, que han sido extraídos, se depositan en una fuente de estaño a la espera de que el primero sea introducido en el relicario de plata de treinta y cinco centímetros de alto encargado por la duquesa de Aiguillon y consistente en un corazón coronado por llamas doradas y el resto, en un cofre de menores dimensiones y no tan rico.

1729. En la capilla de San Lázaro continúan celebrándose las solemnidades de la Beatificación de san Vicente de Paúl que se iniciaron el día anterior, bajo la presidencia del Arzobispo de París, Mons. Carlos Gaspar de Vintimille du Luc, que hizo leer la bula de beatificación en presencia de los obispos de Limoges, Beauvais, Bethléem y Saintes. El orador fue el célebre P. Renato José de Tournemine, de la Compañía de Jesús. Hoy, en el segundo día del triduo, preside el Arzobispo de Bourges y el P. Juan Bonnet, superior general, tiene que sustituir, casi de improviso, al orador. Mañana, presidirá el Obispo de Bayeux y el P. Santiago Cristóbal Hiriard, un gran misionero paúl, pronunciará el panegírico. La multitud es tal que hace necesario un servicio de orden que es asegurado por treinta soldados a las órdenes de un oficial. Las salvas de cañón añaden a la música y la elocuencia una nota militar.