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Enciclopedia:Efemérides/27 de abril

1656. Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Vicente dice que la Compañía debe amar el desprecio. Luisa de Marillac le pide que dé medios sólidos para adquirir esta virtud. Vicente contesta que no hay otro que el de humillarse: "El arte de amar a Dios es amarle; del mismo modo, el arte de adquirir la humildad, es humillarse ya: y tanto más adelantaremos en esta práctica, tanto más nos pareceremos a Nuestro Señor. Sí, hermanas mías, es seguro que cuanto más seamos despreciados, pobres y humillados, tanto más nos pareceremos al Hijo de Dios, que tanto amó el desprecio y la pobreza que no tenía casa para Él mientras estaba en el mundo. Pero, si no podemos imitarle en esto, al menos hay que intentar parecérsele no teniendo más que lo necesario".

1657. Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre las virtudes del primer hermano de la Congregación de la Misión, Juan Jourdain, fallecido dos días antes. Había nacido en Galluis-la-Queue, departamento de Seine-et-Oise, en 1587, y entró en la Congregación el 13 de febrero de 1627. Vicente destaca su gran cordialidad para con todos los de la Congregación, que le llevaba a abrazar y besar a todos los que abordaba, habiéndole dicho a él, el mismo día de su muerte, que esa era la última vez que le abrazaba.

1659. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre las virtudes de sor Bárbara Angiboust, fallecida el 27 de diciembre de 1658 en el Hôtel-Dieu de Châteaudun, donde servía a los enfermos. Fue recibida, con veintinueve años, en la Compañía por Luisa de Marillac el 1 de julio de 1634. Formó parte del grupo de las primeras que hicieron votos perpetuos en la Compañía, el 25 de marzo de 1642, junto con Luisa de Marillac y otras tres hermanas. Fue superiora de las casas fundadas en Saint-Germain-en-Laye (1638), Richelieu (1638), Saint-Denis (1645), Fontainebleau (1646), Brienne (1652), Bernay (1655) et Châteaudun (1657). En 1641 dirigió a las hermanas que estaban al servicio de los galeotes. Vicente comienza preguntando los motivos para hablar de las virtudes de las hermanas difuntas y tras las respuestas, explica que, lo mismo que viendo un cuadro se alaba al pintor, viendo las virtudes de una hermana se da gloria a Dios, pues no son sino las virtudes de Dios en ella, y añade que otro motivo es que puede servir de estímulo para practicarlas. Entre las virtudes que destacan las hermanas, Luisa y Vicente, figuran su observancia de las reglas, su falta de respecto humano, su capacidad para soportar a sus compañeras, su ejemplo en el trato con los galeotes, su amor por la Compañía y su trabajo incansable para ser humilde. Vicente relata como, habiendo pedido la duquesa de Aiguillon una hija de la Caridad a su servicio y habiendo sido enviada sor Bárbara, la duquesa la devolvió a los pocos días porque, ante la tristeza que mostraba a su lado, le preguntó y sor Bárbara le contestó que había dejado a sus padres para servir a los pobres y estaba sirviendo a una gran dama, poderosa y rica, a la que, si hubiera sido pobre, habría servido de todo corazón.