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Enciclopedia:Efemérides/25 de octubre

1643. En la repetición de oración, Vicente de Paúl, hablando de las misiones que van a comenzar, dice: "Pues bien, lo más importante de nuestra vocación es trabajar por la salvación de las pobres gentes del campo, y todo lo demás no es más que accesorio; pues no hubiéramos trabajado nunca con los ordenandos, ni en los seminarios de eclesiásticos, si no hubiésemos juzgado que esto era necesario para mantener al pueblo y conservar el fruto que producen las misiones cuando hay buenos eclesiásticos". Vicente rechaza que la edad sirva de excusa para no ir a las misiones porque siempre se puede predicar dos veces por semana en vez de todos los días y hablar familiarmente a un grupo en lugar de desde un púlpito si la voz lo requiere. Dice que se podría alegar que se acortan los días de vida y se pregunta si es una desgracia que una esposa exiliada se reúna con su esposo o un viajero se aproxime a su país o que los que navegan se acerquen al puerto y si hay miedo de que llegue algo que no sabríamos desear bastante y que solo llega demasiado tarde. Por último se dirige a los hermanos para decirles que la obligación de trabajar por la salvación de los pobres no es solo de los sacerdotes, pues la misma obligación que tenía la cabeza de Nuestro Señor de llevar la corona de espinas, la tenían los pies de soportar los clavos, por lo que una y otros compartieron la gloria.

1646. Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad. El primer asunto tratado es la readmisión de una muchacha de Angers que, tras un año en la Compañía, sirviendo de ejemplo a todas las hermanas, tuvo una enfermedad mental y pidió salirse, pero al poco de volver a su tierra comenzó a pedir su readmisión, lo que ha seguido haciendo con insistencia. Vicente da como razones a favor de readmitirla: que parecería contrario a la caridad no hacerlo; que se salió por una enfermedad que le impedía juzgar libremente; que pronto se arrepintió y pidió con insistencia volver; el buen ejemplo que dio a la Compañía. Como razones en contra, Vicente dice que la experiencia enseña que, de los que se salen y vuelven a entrar, ninguno permanece y que lo ha visto en muchos casos. Vicente pide el parecer de los presentes: cuatro de cinco hermanas, el asistente de Vicente y la propia Luisa de Marillac se muestran a favor de readmitirla y Vicente concluye que, aunque estaría de parte de no admitirla, cede ante la mayoría. El siguiente asunto es la necesidad de cambiar a una de las hermanas que se ocupan de los galeotes porque tienen dos caracteres opuestos. Se decide enviar a sor Margarita Guyon como hermana sirviente, función que hasta entonces desempeñaba la hermana que se queda. A continuación Luisa plantea el despido de una hermana de Touraine cuyos padres serían influyentes, que desde el comienzo manifestó su desdén por el modo de vida de la Compañía, que cuando habla libremente deja ver que no está contenta, que antes de entrar estaba enferma y ahora vuelve a estarlo, resultando difícil encontrar algo que pueda comer y que, salvo un poco de costura, no hace ni quiere hacer nada. Como razones para no despedirla estarían la protesta de sus padres y el temor a disgustar al párroco que la envió. Vicente expone que la hermana no tiene ninguna vocación, que, por lo que conoce de su carácter, sus padres se habrán quedado a gusto de no tenerla con ellos y que, tal como vive, no hará nada con ellas mientras que en el mundo puede que haga algo y se salve. Todos son favorables al despido y Vicente, ante la pregunta de Luisa, dice que se debe escribir a los padres y al párroco diciéndoles que en cuatro o cinco días se la enviarán; a la madre se le dirá que está enferma y al párroco todo lo que pasa. Advertido que al hacerlo tan pronto el viaje será a costa de la Compañía, Vicente replica que es mejor así que mantenerla por más tiempo. El último asunto es si se admite a una joven de Angers que asiste a los enfermos con las Damas de la Caridad y tiene un gran deseo de darse a Dios en la Compañía; que es fuerte, hábil, con espíritu y esperanza buenos; pero padece una especie de epilepsia, que no obstante no le afecta a menudo. Vicente señala que esta enfermedad puede agravarse con la edad y requiere dispensa para poder ser ordenado, aunque, por ser mujer, esto no sea tan importante, y añade que sabe que no sería recibida en ninguna comunidad bien reglada. Por otro lado sostiene que puesto que está haciendo bien donde está conviene dejarla allí, ya que la tentación más común de los que hacen algo bien en el mundo es que lo que han dejado valía más que lo que tienen, por lo que a menudo se salen. Todos creen que no se la debe admitir, si bien tanto el asistente como Luisa piensan que la enfermedad no es un obstáculo y la razón que prevalece es que conviene dejarla donde está.

1652. Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la fiesta de Todos los Santos, dividida en tres puntos: las razones de darse a Dios para obtener las gracias que acostumbra a dar, particularmente en las grandes solemnidades, como esta; cuáles son esas gracias; las disposiciones para recibirlas. Hay noticia de las conferencias sobre la misma fiesta celebradas el 28 de octubre de 1650, el 31 de octubre de 1653 y en 1655.

1939. El secretario perpetuo de la Academia francesa, Jorge Goyau, muere a los setenta años en su residencia de Bernay, en el departamento francés del Eure. Ha sido un gran bienhechor espiritual de la familia vicenciana. La pequeña Compañía puede estar orgullosa de haber ocupado un lugar particular en el corazón y las obras de este historiador, entre las que destacan su monumental Historia religiosa de la nación francesa y su Historia de las misiones. También escribió "La Congregación de la Misión de los Lazaristas", en 1938, además de diversos artículos sobre san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac en el periódico Le Figaro.