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Enciclopedia:Efemérides/25 de mayo

1654. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la conservación de la Compañía. Vicente dice que la Compañía es obra de Dios, pues según san Agustín, lo que los hombres no han hecho, viene de Dios. Refuerza su afirmación el que en ella haya algunas almas tan excelentes como la de la recientemente fallecida sor Andrea, que le dijo poco antes de morir: "No tengo ninguna pena, ningún remordimiento más que el de haberme complacido demasiado sirviendo a los Pobres". Cita también a sor Margarita Moreau, que prefirió servir a los pobres a estar junto a la reina de Polonia. Entre las cosas que pueden arruinar la Compañía se alude a las tentaciones contra la vocación. Vicente mantiene que hay que contar las tentaciones a los superiores y no a las otras hermanas. También menciona el apego al mundo y previene contra las alabanzas de este, pues es síntoma de que no se tiene el espíritu que quiere Nuestro Señor. La falta de fidelidad en la observancia de las reglas también conduce a la pérdida de la Compañía. Por último, Vicente reserva a los superiores tanto la reflexión sobre los cambios como la introducción de los mismos en la Compañía y dice: "Cuando se os hable de introducir algún cambio, es preciso que respondáis: Hermana, ¿qué dice usted? Hemos sido educadas de esa manera; siempre hemos observado esa forma de vivir. ¡Oh Salvador! Yo no quiero cambiar nada+ y añade "Mis queridas hermanas, tomen desde ahora la resolución de no cambiar nada, ni en vida de la señorita, ni después de su muerte, ni después de la mía, sino de guardar inviolablemente las buenas costumbres que se han tenido y tienen aquí, y mantenerse firmes en ellas. ¿Por qué querer otra forma de vivir distinta de la que Dios ha inspirado a los superiores y que es conforme con la de Jesucristo?".

1657. Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la Santa Trinidad, en la que se tratan las razones que la Congregación de la Misión tiene para honrar este misterio, en qué consiste y las prácticas que cada uno quiere adoptar para honrarlo adecuadamente.

1846. Muere en París el duodécimo superior general de la Congregación de la Misión, P. Domingo Salhorgne, a los ochenta años. Antes de su generalato, el P. Salhorgne, que entró en la Congregación con dieciséis años, había enseñado en Chartres y en la universidad alemana de Heidelberg, cuya cátedra de teología ocupo dos años. Al producirse la Revolución francesa se encontraba en Saintes. Se refugió en Alemania y, en 1802, regresó a Francia y se puso a disposición del Obispo de Nancy. En 1809, el arzobispo de Tours, Mons. Luis Matías de Barral, le confío la restauración de su seminario. Cuando el papa León XII, en 1827, devolvió la unidad a la Congregación, el P. Salhorgne dejó Tours y el recién nombrado superior general, P. Pedro de Wailly, le hizo primer asistente de la Congregación y director de las Hijas de la Caridad. El 18 de mayo de 1829 fue elegido superior general por la XVII Asamblea General. Su generalato duró seis años y tres meses, siendo aceptada su dimisión por motivos de salud por la Asamblea de 1835.