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Enciclopedia:Efemérides/25 de abril

1652. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre el buen uso de los avisos que sobre nuestros defectos o fallos se nos hacen, las faltas que se pueden cometer al recibirlos y los medios para sacar provecho de los mismos.

1656. Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad en San Lázaro. Asisten Vicente de Paúl, el P. Antonio Portail, Luisa de Marillac, las tres oficialas y dos hermanas antiguas. Primero Vicente le pide a una hermana que relate lo sucedido en la muerte de un pequeño de los Niños Abandonados. Tras ello se acuerda demorar por un tiempo la respuesta a varias solicitudes de envío de Hijas de la Caridad por no disponer de hermanas para atenderlas por el momento. Vicente somete a la consideración del Consejo la conveniencia de establecer un seminario o una casa para satisfacer las peticiones de los Obispo de Cahors y Agde. Desde esa casa se podrían enviar y recibir hermanas a lugares alejados de París, pero cercanos a la misma. Como motivos a favor de dicho establecimiento, Vicente menciona que, al disminuir los costes de los viajes, se facilitarían los cambios de hermanas en los distintos destinos con una frecuencia más apropiada. Entre los motivos para oponerse Vicente muestra su preocupación de que la Compañía deje de ser humilde. Todos los presentes se manifiestan a favor con tal de que quede bajo la dependencia de la Casa Madre y Vicente concluye que hay que encomendar a Dios este asunto, por lo que le pide a Luisa de Marillac que le diga a las Hijas que recomienden un asunto importante a Nuestro Señor, pero, corrigiéndose, dice que pobres gentes como ellos no pueden tener asuntos importantes, por lo que les debe decir que recen a Dios por una necesidad de la Compañía y para pedirle que le plazca dar a conocer su voluntad sobre un asunto que le afecta. También le pide al P. Portail que diga la misa con esta intención y que el hará lo mismo. A continuación se trata el despido de una joven por considerar que no es apropiada para la Compañía y Vicente afirma que hay que hacerlo por mucho que se resista y, de ser necesario, se la debe llevar a la puerta y dejarla fuera de la casa. Finalmente varias jóvenes que querían ingresar en la Compañía son presentadas a Vicente de Paúl.

1659. Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad presidido por Vicente de Paúl. Luisa de Marillac le plantea que una hermana que se salió de la Compañía presiona para volver a ser admitida. Una vez oídas las causas de su salida y que su espíritu parecía rudo e indiferente para practicar el bien y recibir las correcciones de sus faltas, Vicente, advierte que debe considerarse la mansedumbre y humildad como una disposición necesaria para pertenecer a la Compañía.

1830. Tiene lugar en París el traslado solemne de las reliquias de san Vicente de Paúl. La urna de plata que contiene los restos ha sido llevada en la tarde anterior del arzobispado a la catedral de Notre-Dame, que por orden del rey ha sido engalanada para la ocasión. A las tres de la tarde de hoy el cortejo sale de Notre-Dame. Numerosas asociaciones de hombres, numerosos hermanos de las Escuelas Cristianas, los seminarios de San Sulpicio, de Issy, de San Nicolás, del Espíritu Santo y de los Irlandeses, los sacerdotes diocesanos, ochocientas Hijas de la Caridad con cincuenta huérfanas preceden la urna que, rodeada por Sacerdotes de la Misión es llevada por diez hombres. Tras ella avanzan doscientas hijas de la Caridad con cincuenta huérfanos, los canónigos, los capellanes del rey, diecisiete obispos y el arzobispo. Cuatro compañías de granaderos y otras cuatro de tiradores marchan junto al clero y un pelotón de gendarmes cierra el cortejo. La procesión, entre cánticos y con músicas militares, discurre por el Petit-Pont, la calles Taranne y del Dragón y el cruce de la Cruz Roja, hasta llegar a la calle Sèvres. En la capilla de la Casa Madre, en la que solo pueden entrar, con arreglo al ceremonial, las Hijas de la Caridad, los párrocos, el capítulo de la catedral y los obispos, la urna es instalada sobre un estrado en medio del coro. El Arzobispo de París, Mons. Jacinto Luis de Quélen, en su alocución declara que le hace entrega con alegría del precioso depósito al superior general de la Congregación de la Misión, P. Domingo Salhorgne. Tras la contestación de este último, son las seis de la tarde, por lo que se suspende el panegírico que debía pronunciar el obispo titular de Carysto y canónigo de San Denis, Mons. Pedro María Cottret. La jornada termina con la bendición pontificia. En tiempos de menor agitación política y si la prensa no hubiera alentado la animosidad contra el rey Carlos X y, en cierta manera, indispuesto contra una manifestación religiosa autorizada por el gobierno, la multitud de curiosos seguramente habría cambiado el respeto y la frialdad con que han contemplado el paso del cortejo por entusiasmo.

1945. En Hungría, la Visitadora de la Compañía de las Hijas de la Caridad es llamada al despacho del "inspector" que se ha instalado en la Casa Provincial, donde un delegado del consejo de los obreros le entrega una nueva declaración para que la firme, en la que se expresa el deseo de estar al servicio de la República Soviet y someterse a todas sus órdenes. Los ciudadanos húngaros que no firmen serán expatriados; las personas religiosas extranjeras que no quieran firmar deberán ir inmediatamente al convento de las Damas Reparadoras, donde deberán estar el 6 de abril para ser repatriadas. La visitadora pide consejo al sacerdote director y al Príncipe-Primado y ambos le aconsejan que firme, pero resista cualquier orden que viole los derechos de conciencia. El Príncipe-Primado le entrega incluso una nota en la que escribe: "Las hermanas pueden firmar tranquilamente la declaración y les ruego y aconsejo que la firmen para mantenerse al servicio de la humanidad sufriente".