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Enciclopedia:Efemérides/23 de diciembre

1650. Vicente de Paúl escribe al superior de Génova, Esteban Blatiron: "Debemos tener como principio no ir a ninguna casa de la ciudad o del campo en donde no tengamos nada que hacer, y abstenernos de toda clase de visitas, aun cuando sirvan para conservar la amistad con ciertas personas, a no ser que sea necesario, o se trate de visitar a algún enfermo o haya que consolar a algún afligido, y nos hayan llamado a ello".

1656. Vicente de Paúl escribe a Donato Cruoly, superior de Nans: "Sobre la aclaración que pide, hemos de tener como máxima que no se debe recibir ninguna retribución por nuestras tareas, aunque podemos recibir las limosnas que algunos tengan la devoción de enviarnos; de modo que, si la Señora... le envía algún dinero por haber trabajado en sus tierras y por los gastos que ustedes han hecho, no hay que recibirlo; pero si, fuera de esta consideración, ella quiere darles alguna cosa por pura caridad, podría usted tomarlo como limosna".

1657. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre los artículos 28 y 29 de las Reglas Comunes. El 28 es "No harán ninguna visita, ni siquiera a las hermanas de otra parroquia, sin el permiso de la superiora, si no es en caso de necesidad, como sería para las que están enfermas", y el 29, "Y dado que ni el superior ni la superiora pueden remediar los desórdenes que ocurren dentro de la comunidad sin conocerlos, ni conocerlos sin que se les avise de ellos, y que si no se ponen en su conocimiento, la Compañía correría el riesgo de perecer con el tiempo, cada una cuidará de advertir humildemente a la superiora o al superior de las faltas notables que haya notado en sus hermanas. Estará contenta de que sus defectos sean descubiertos de esta manera al superior o a la superiora y recibirá de buen grado las advertencias que se le hagan en público o en particular". Vicente explica que las visitas, ordinariamente, no son más que pérdida de tiempo, por lo que el primer consejo de un director a una persona que quiere iniciar una vida más perfecta es que modere sus visitas porque en ellas se habla de tantas cosas que es difícil no ofender a Dios y al prójimo. Dice que cuando una hermana visita a otra, sin permiso de la superiora, las dos pierden su tiempo en perjuicio del servicio a los pobres. Aclara la excepción de la visita a las hermanas enfermas, porque piensa que es un gran consuelo para una hermana enferma ver a sus hermanas. La regla también se refiere a que las hermanas no deben recibir en su habitación a nadie de fuera sin gran necesidad, en particular hombres, ni siquiera los sacerdotes ni los confesores, salvo que estén enfermas. Señala que esta regla es para conservar la pureza y que el mayor riesgo que corren las Hijas de la Caridad es el de faltar contra ella. Por ello deben huir de la conversación con los hombres salvo en caso de necesidad cuando ellos tengan discursos de piedad. Con los confesores se debe hablar en la iglesia o en la puerta de la casa. Respecto a la regla 29, Vicente indica que se refiere a las faltas considerables. Pone el ejemplo de una hermana que, tentada de dejarlo todo, tiene pena por la marcha de la Compañía, y habla continuamente con otra. Dice que las que lo sepan deben decirle a los superiores que "parece que hay ciertas particularidades entre estas hermanas, se hablan a menudo", o bien "pienso que tal hermana vacila un poco en su vocación". También hay que avisar si una hermana se apropia del dinero de la casa o recibe hombres en su habitación. Vicente explica el modo de discernir cuándo se debe avisar, evitando hacerlo bajo la influencia de la envidia o la antipatía. Si una hermana es corregida por sus superiores deberá recibir la corrección con humildad y sin excusarse. Pero si no es verdad que ha cometido la falta deberá, no en el momento sino algunos días después, decírselo a sus superiores.

1804. Después de celebrar la misa en la iglesia de San Sulpicio en este cuarto domingo de adviento, el papa Pío VII, que está en París desde el 28 de noviembre para la coronación de Napoleón Bonaparte, visita la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, situada entonces en la calle del Vieux Colombier. Es recibido a la puerta de la capilla de las hermanas por el vicario general de la Congregación, P. Brunet, que también procede de Roma. El soberano pontífice es llevado al altar en el que el Santo Sacramento está ya expuesto y tras la bendición se traslada a una sala donde se le ha preparado un trono. Allí se le presenta a la superiora general, sor Deschaux, que recibe una bendición especial. Tras ella, todas las Hijas y las seminaristas acuden a besar la mula (calzado) del papa.

1899. A petición del vicario apostólico de Pekín, el paúl Mons. Pedro María Alfonso Favier, el papa León XIII divide en dos el Vicariato: el de Tche-ly Norte, en el que permanece Mons. Favier y el del Tche-ly Sur que se confía al también paúl Mons. Ernesto Francisco Geurts.