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Enciclopedia:Efemérides/22 de enero

1645. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la observancia del Reglamento. Vicente comienza pidiendo perdón por el retraso que se ha debido a que ha tenido que atender a una persona de la nobleza. Los tres puntos de la conferencia son: las razones que las Hijas tienen para practicar exactamente las antiguas costumbres de la Compañía; las faltas que se hacen ordinariamente o que se pueden hacer contra las antiguas costumbres y reglas de la Compañía; los medios a los que se puede recurrir para guardar más exactamente las reglas en el futuro. Vicente escucha las intervenciones de las hermanas sobre los distintos puntos; de las nueve que intervienen todas excepto la última, que no se acusa de nada, dicen que han incumplido las reglas muchas veces. Luego Vicente resume los orígenes de la Compañía y razona que es obra de Dios porque ni él, ni la Señorita Le Gras pensaron en ello sino que las cosas ocurrieron de acuerdo con la razón que da san Agustín para conocer que las obras son de Dios. Y pues el designio de reunir a las Hijas es de Dios, también su divina providencia ha hecho que la manera de vivir de las Hijas se constituyese en regla con el tiempo. Sigue exponiendo que la observancia exacta de las reglas bajo la dirección de sus superiores les permitirá llegar felizmente a puerto, como ocurre con los marineros que siguiendo las reglas de la navegación y las advertencias del que pilota cruzan el mar. Dice que hay que desconfiar de la hermana que piensa dejar de cumplir una regla y pide a su compañera que no la denuncie. Añade que los superiores deben conocer las faltas que se cometen para poder corregirlas. Pone algunos ejemplos de personas para animar al cumplimiento y, dada la hora, finaliza la conferencia.

1646. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la santa comunión que trata tres puntos: razones para disponerse a comulgar bien; medios para hacerlo bien; y señales para saber que se ha hecho bien. Tras escuchar a las hermanas, Vicente dice que si comulgamos mal, recibimos nuestra condenación, que nos aparta de Dios, y no solo la condenación, sino la muerte del alma, e incluso la muerte temporal. En cambio de una comunión bien hecha se obtiene que nos convertimos en una misma cosa con Dios. Una señal casi infalible de una comunión bien hecha es la paz y la tranquilidad del corazón, aunque no siempre se sigue esta paz, pues algunas veces Dios quiere probar algunas almas, como la de santa Catalina. Una señal casi infalible de mala comunión es no ver ninguna enmienda de las malas costumbres, y, al contrario, es señal de haber comulgado bien el esforzarse por trabajar para parecerse más a Jesucristo. Hacia el final de la conferencia, Vicente dice: "Piensan ustedes, hijas mías, que Dios espera de ustedes solamente que lleven a sus pobres un trozo de pan o un poco de carne y de sopa y medicinas? ¡Oh!¡ni hablar! No ha sido este su designio al escogerlas para darle el servicio que le dan en la persona de los pobres, Él espera de ustedes que provean a sus necesidades espirituales tanto como a las corporales. Ellos necesitan el maná espiritual, el espíritu de Dios; y ¿dónde lo cogerán ustedes para comunicárselo? Hijas mías, en la santa comunión".

1648. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre el buen uso de los avisos. Primer punto: razones que tenemos para aceptar que nuestras faltas sean conocidas y se nos avise de ellas. Segundo punto: Medios para sacar provecho de los avisos que se nos dan. Vicente dice que si se reprendiesen injustamente de alguna falta a una hermana, sería más conveniente sufrir la corrección sin decir nada, que justificarse a no ser que el silencio sea un pecado o que se perjudiquen los intereses del prójimo, ya que eso es imitar a nuestro Señor, que no dijo nada para excusarse y finalmente se dejó crucificar. Más adelante Vicente dice que se ha puesto de acuerdo con Luisa de Marillac en que, para arrancar de la Compañía el orgullo que impide soportar que se digan de una cosas que no son buenas, en las conferencias ordinarias de los viernes, cuando las hermanas se acusen, si alguna no se acusa de una falta, otra hermana que haya sido testigo de esa falta se ponga de rodillas y diga: "Hermana mía, con espíritu de caridad le advierto que últimamente cometió usted tal falta. Soy tan miserable que hago muchas otras que no conozco; pero, porque la regla lo ordena, le advierto de esta; y si alguna ha reparado en las mías le pido muy humildemente la caridad de advertirme" y besará el suelo. Vicente pregunta si les parece que este medio servirá y las hermanas dan su asentimiento. Vicente, a petición de Luisa de Marillac, añade que una hermana, actuando como coadjutora de Luisa de Marillac y sustituyéndola en su ausencia, recibirá las quejas que haya sobre ella y tras orar, se las dirá. En la conferencia del 15 de marzo, Luisa de Marillac reconocerá que todavía no han puesto completamente en práctica lo acordado y se acusará de no haber pedido a la hermana que él ha designado que le haga la caridad de decirle sus faltas.