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Enciclopedia:Efemérides/21 de noviembre

1659. Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre la pobreza, continuación de la de la semana anterior, en la que se tratan los artículos 3º a 10º del capítulo III de las Reglas Comunes. Estos artículos son: "3º: Todos y cada uno de los miembros de la congregación sabrán que, según el ejemplo de los prímeros cristianos, todas las cosas serán comunes y que serán distribuidas a cada uno por los superiores, a saber, la comida, el vestido, los libros y los muebles y las demás cosas, según la necesidad de cada individuo. Sin embargo, por miedo a que hagamos cualquier cosa en contra de la pobreza que hemos abrazado, nadie podrá disponer de estos bienes de la congregación, ni emplearlos para nada, sin el permiso del superior. 4º: Nadie tendrá nada sin que el superior lo sepa, o lo permita y que no esté dispuesto a dejar tan pronto como el mismo superior se lo haya ordenado, o incluso dado señales de que lo desea. 5º: Nadie usará como propia ninguna cosa, ni dará, recibirá, prestará, cogerá o pedirá nada de fuera sin la licencia del superior. 6º: Nadie tomará para sí nada de lo que está destinado a los demás, o puesto aparte para la comunidad, o dejado por alguien, ni siquiera libros. 7º: Nadie buscará las cosas superfluas, ni las curiosas, y para las que son necesarias, cada uno regulará tan bien sus inclinaciones en eso, que su vivir, su habitación y su cama estarán acomodados de la manera que conviene a un pobre, y que en estas cosas, como en todas las otras, esté dispuesto a sentir algunos efectos de la pobreza, e incluso sufrir de buena gana que se le dé lo peor de todo lo que hay en la casa. 8º: Y para que no se vea nada en nuestra casa que recuerde lo más mínimo a la propiedad, nuestras habitaciones no estarán tan cerradas que no se puedan abrir desde el exterior, ni habrá ningún cofre, ni ninguna cosa semejante cerrada con llave particular sin el permiso expreso del superior. 9º: Nadie de los que vayan a otra casa se llevará nada de aquella de la que sale sin la licencia del superior. 10º: Y como se puede pecar contra la virtud de la pobreza por el solo deseo desordenado de tener bienes temporales, cada uno se cuidará con esmero de que este mal no se apodere de su corazón, incluso en relación con los beneficios, que podría buscar con la excusa de hacer algún bien espiritual. Y por eso no aspirará a ningún beneficio o dignidad eclesiástica, sea cual sea el pretexto que pueda tener". Vicente termina la conferencia con estas palabras sobre la práctica de la pobreza: "Cuando la Iglesia estaba en esta práctica, en sus comienzos, todos los fieles eran santos; pero, desde que se comenzó a tener bienes propios y que los eclesiásticos tuvieron beneficios particulares, lo que ocurrió con el papa san Telesforo, todo se debilitó. Los eclesiásticos del presente no son más que la sombra de los eclesiásticos de esos tiempos felices y de ese siglo de oro. ¡Plazca a Dios hacernos esta gracia de animarnos a todos a practicar esta santa virtud de la pobreza, que además de la recompensa temporal que tiene prometida, nos merecerá la eterna!".

1717. El superior general de la Congregación de la Misión, P. Juan Bonnet, procede a la bendición de la nueva Capilla en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad. El Cardenal Arzobispo de París, al dar la autorización para esta bendición, ha precisado que la capilla debía continuar siendo una capilla privada.

1718. Muere, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, la novena superiora general (1709-1712), Madre María Le Roy, con sesenta y un años y veintidós de vocación. Su salud no le permitió aceptar un segundo mandato.

1792. Sor María Ana Plaine, sor Ana Tarnier, procuradoras de la Compañía de las Hijas de la Caridad, y sor Verónica Delamare, su coadjutora, envían una petición a los Ciudadanos y Representantes de la Convención Nacional. En ella critican la actuación de los Comisarios que llegaron a la Casa Madre y piden la restitución de las cantidades y los documentos confiscados en los días anteriores, ya que las hermanas se han quedado sin recursos. Su petición termina con estas palabras: "Las pobres Hijas de la Caridad esperan con confianza, de su humanidad, este acto de beneficencia". La procuradora es una hermana que ha recibido el mandato de la superiora general para gestionar los asuntos temporales y legales.

1845. El superior general, P. Juan Bautista Étienne, toma posesión, en nombre de la Congregación de la Misión, de una propiedad situada a pocos kilómetros del lugar de nacimiento de san Vicente de Paúl y donada por la Sra. de Lupé. Con el tiempo llegará a ser la famosa casa convertida en balneario con una Iglesia dedicada a Nuestra Señora del Pouy.

1858. Llegan al orfanato de Friburgo (Suiza) las tres primeras Hijas de la Caridad.

1900. Fundación de una casa de la Compañía de las Hijas de la Caridad en Monastir, Alta Macedonia, cuyo dispensario pronto atenderá cada año a unos treinta mil enfermos. En el colegio se inscriben cincuenta alumnas; las hay búlgaras, griegas, rumanas, armenias, israelitas, italianas y austriacas.