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Enciclopedia:Efemérides/17 de noviembre

1656. Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre el deber de catequizar a los pobres, dividida en tres puntos: ver si la Congregación se ha relajado en la práctica de catequizar a los pobres, niños y otras personas que se encuentran al ir de viaje, o en casa, o en las misiones; cuáles son los grandes bienes que se siguen de esta práctica; los medios de restablecerla, si se ha dejado, y de conservarla. Después de que varios de los presentes hayan hablado, Vicente dice, sobre el primer punto, que, hoy en día, no sabe bien si la Congregación se ha relajado, pero si es el caso hay que reanimarse. Sobre el segundo, asimila el dejar de catequizar a matar por negar lo necesario para la vida, al no instruir, pudiendo hacerlo, al que desconoce los misterios necesarios para la salvación. Vicente cita a san Agustín, santo Tomás y san Atanasio, para apoyar que los que no conozcan explícitamente los misterios de la Trinidad y de la Encarnación no serán salvados. Vicente añade que sabe que hay otros doctores que sostienen lo contrario, pero dice que en la duda siempre será un acto de gran caridad instruir a estas pobres gentes, sean las que sean, y no dejar escapar ninguna oportunidad de hacerlo. Vicente sigue animando a todos a hacerlo, incluidos los hermanos, a los que les dice que no deben enseñar ni catequizar en la iglesia, pues no es conveniente, pero sí deben hacerlo en todas las demás ocasiones.

1657. Vicente de Paúl escribe al superior de Sedán, P. Pedro Cabel, entre otras cosas, sobre el modo en que debe comportarse el superior de la casa y sobre la introducción de cambios en la casa: "Hace usted bien en no servirse de artificios para mantener la obediencia en la familia. Como debe otorgarse por virtud, debe usted pedirla por el mismo principio, es decir, ordenar las cosas que hay que hacer, prohibir aquellas de las que hay que abstenerse, con sencillez, rectitud y fuerza de espíritu, pero de un modo suave y agradable, provenientes de un corazón verdaderamente humilde o que tiende a la humildad. Hay que ser firme en el fin y suave en los medios, usando más bien ruegos que términos que dejen sentir la autoridad y el mandamiento. Los avisos mal recibidos no deben hacerle disimular las faltas considerables; pero el amor que debe tener por la observancia común y el avance de cada uno le obliga a remediar las faltas con la corrección pública o secreta; pero que sea con prudencia y caridad. Con todo, usted no debe esperar vivir entre los hombres, aunque fueran santos, y no verles fallar; pues todos están sujetos a la condición miserable de esta vida. Y ¿qué hacer entonces? Ciertamente, padre, la paciencia y el apoyo son los remedios más eficaces que Nuestro Señor y la experiencia nos han enseñado para llevar a los demás a la virtud... De otras casas de la Compañía me han escrito que algunos se empeñan en deshacer lo que han hecho otros, en cambiar lo que no les gusta y en aumentar o disminuir los usos y comodidades que establecieron sus predecesores. Ahora bien, si le estuviera permitido a cada uno tener y hacer todo según su sentir particular, no veríamos más que continuos cambios y grandes desórdenes. Por eso, padre, me veo obligado a escribir a todas partes que se guarden mucho de innovar nada; y le hago la misma recomendación y a los que están con usted, rogándole que mantenga las cosas como han sido vistas y aprobadas por el visitador, y que esperen su regreso y su parecer en caso de que haya alguna cosa que cambiar o hacer. Pronto lo tendrán en Sedán, espero; quiero decir, en uno o dos meses".

1658. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad, continuación de las del 6 y 13 de octubre anteriores, sobre el empleo de la jornada y la oración, en la que comienza preguntando a las hermanas de las distintas casas cómo cumplen el artículo segundo del empleo de la jornada, que pide que hagan media hora de oración en común a las cuatro y media de la mañana. Vicente dice que si se tiene que ir a llevar las medicinas a un enfermo se puede dejar de hacer la oración, pero que luego hay que buscar tiempo para hacerla y dice: "¿No han visto como de ordinario el cuerpo se adorna con el vestido? El adorno del alma es la oración y no hacerla es no darle al alma su vestido". Vicente vuelve a explicar las partes de la oración y a repasar los artículos del empleo de la jornada desde el primero, que pide levantarse a las cuatro de la mañana. Entre otros ejercicios hace referencia al examen particular que cada una debe hacer a las once y media de la mañana, en el que debe ver si ha llevado a la práctica las resoluciones tomadas en la oración matinal.

1658. Carta de Vicente de Paúl a Francisco Ignacio Lièbe, que habiendo hecho los votos de la Congregación de la Misión hace poco, le pide que le dispense de ellos o le permita entrar en la casa de Luçon y le dice: "Usted sabe tan bien como yo, que nadie puede dispensar de los votos sin causa razonable, que usted no ha tenido para salirse de la Compañía, pues me dice que no ha recibido ningún maltrato, sino al contrario. Y según eso, Sr., usted comprende que no pueda dispensarle de las promesas que ha hecho a Dios. Y en cuanto a la segunda cosa que me pide, no explica claramente si pretende volver a entrar en la compañía al entrar en la casa de Luçon y haciendo nuestras funciones, o solamente como un externo. Si es de la segunda manera, no lo piense. Y si es de la primera hay que explicarse más, testimoniar un gran pesar por su salida y un gran deseo de volver a entrar, acompañado de la humildad y de las oraciones convenientes para ello; y entonces le pediremos a Dios que nos inspire lo que tenemos que hacer y en qué lugar y cómo conviene que entre de nuevo en la compañía. Es una cosa, Sr., que bien merece que la piense usted. Hay que dar mucha importancia a las promesas que se ha hecho a Dios y aún más a cumplirlas. Se trata de su salvación, que le debe ser muy querida, que le debe hacer pensar con Dios y en conciencia lo que tiene que hacer en este encuentro".