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Enciclopedia:Efemérides/14 de julio

1655. En la repetición de oración, Vicente de Paúl habla de la necesidad de confesarse y comulgar cada vez que la regla lo ordena, advierte a un misionero que se excusa de cumplir otras reglas, dice que un superior debe cuidar la observancia de la regla y se refiere a la relajación en la orden de san Benito y el temor de que la Congregación de la Misión siga ese triste ejemplo. "¡Pues qué! - dirá un misionero flojo - ¿para qué tantas misiones? ¡Ir a las Indias, a las Hébridas! ¡Vamos, vamos, es demasiado! ¡A las cárceles, a los niños expósitos, al Nombre de Jesús! ¡Todo esto es emprender demasiado; hay que dejarlo!; verdaderamente cuando haya muerto el señor Vicente, habrá que cambiar mucho; habrá que recortar todos esos empleos, por no tener medios para atenderlos. ¡Las Indias, las Hébridas, las cárceles, los niños expósitos, etc! De modo, padres, que habrá que decir: "Adiós, misiones; adiós, Indias; adiós, Hébridas; adiós, cárceles, Nombre de Jesús, niños expósitos, Berbería! ¡Adiós a todo esto!". ¿Y cuál es la causa de todo este mal? Una persona floja, unos misioneros flojos y llenos de amor a su propia comodidad y descanso. ¡Ay padres! ¡Ay hermanos míos! Cuando vean esto, podrán decir: ¡Adiós todas estas ocupaciones! San Juan decía: "Cuando veáis a esas personas entre vosotros, tenedlas por anticristos". Hermanos míos, yo os digo lo mismo: cuando veáis a un misionero flojo que tenga semejantes discursos, o queriendo que se dejen todos esos bienes que acabo de decir, decid atrevídamente: "Aquí esta el anticristo". Sí, hermanos míos, es un anticristo. Decid: ¡Ha nacido el anticristo: ahí está!".

1656. Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la manera de comportarse en el refectorio, los motivos que la Congregación de la Misión tiene para comportarse bien, tanto en la modestia como en la comida y bebida, las faltas y los medios.

1658. Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la humildad, la caridad, la obediencia y la paciencia, en la que trata del artículo 42 de las Reglas Comunes, que dice: Si bien su vocación requiere que se apliquen toda su vida a practicar toda clase de virtudes para imitar a su patrón Jesucristo, pondrán sin embargo una atención más particular a las que están representadas por los cuatro extremos de la cruz, a saber, la humildad, la caridad, la obediencia, la paciencia. Por ello animarán con ellas todas sus acciones y considerarán que es en vano que portan siempre sobre ellas una cruz material". Vicente insiste en que estas cuatro virtudes permiten reconocer a una verdadera Hija de la Caridad. Explica que el extremo inferior de la cruz representa la humildad, mientras que el superior es la caridad. El brazo derecho es la obediencia y el izquierdo, la paciencia.

1729. En Roma, el Cardenal Coscia, proprefecto de la Congregación de los Ritos, firma el decreto que reconoce la autenticidad de los milagros propuestos para la beatificación de Vicente de Paúl. De las ocho curaciones presentadas se han retenido cuatro: la de Claudio Compoin, curado de su ceguera; la de María Lhuillier, niña de ocho años, que muda de nacimiento, tenía además paralizados los miembros inferiores; la de sor Maturina Guérin, librada de una úlcera incurable en la tibia; la de Alejandro Felipe Legrand, afectado por una parálisis.

1823. En Roma, el papa Pío VII nombra al P. José Rosati, que formó parte del primer equipo de paúles que llegó a Estados Unidos, coadjutor del Obispo de Luisiana y Florida, Mons. Luis Guillermo Valentín Dubourg. En el momento de su nombramiento, el P. Rosati, que había rechazado una vez el episcopado, era el superior de los misioneros de América del Norte y del seminario diocesano de Santa María de los Barrens, en la localidad de Perryville, estado de Missouri.

1947. En el Berceau de Saint Vincent de Paul, hacia las doce menos diez de la noche, se declara un incendio. Avivado por un fortísimo viento del sureste, las llamas alcanzan el edificio central. Una pavesa que cae sobre una rama del roble de san Vicente amenaza con trasmitir el fuego a la sala de los peregrinos. Otra se posa sobre la cúpula de la capilla. Desde los primeros momentos, los profesores presentes han evitado el pánico y organizado el salvamento; los habitantes de la localidad, con el alcalde y el párroco a la cabeza, acuden a colaborar: mientras tanto el superior, P. Gastón Pierre, llama por teléfono a los bomberos, que llegan hora y media después con un material insuficiente. Tras unas cinco horas de lucha, el fuego parece controlado. El balance resulta catastrófico: de varias dependencias y del edificio central no quedan más que los muros y la cúpula y una de las naves de la capilla se han derrumbado.