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Aportes de la AMM a la nueva evangelización - I Parte

Por: Mons. Alfonso Cabezas Aristizábal, C.M.


INTRODUCCION.

Después de 100 años de la aprobación de la Asociación a nivel mundial, nos encontramos celebrando el primer Congreso de la Asociación Medalla Milagrosa.

El objetivo es favorecer el crecimiento de la devoción a la Santísima Virgen a cuyo servicio está la Asociación Medalla Milagrosa. Esto lo hacemos en el marco de la nueva evangelización a cuyo impulso y fortalecimiento queremos dedicar estas jornadas. Este trabajo tiene dos momentos. Una primera charla dedicada a estudiar y reflexionar sobre el camino de la Medalla Milagrosa desde sus inicios, los primeros pasos de la Asociación, hasta nuestros días.

Una segunda charla nos lleva a mirar algunas perspectivas de futuro para asociarnos a la magna obra de la Nueva Evangelización que el Espíritu Santo está impulsando en el presente.

En la primera parte recuerdo de manera general los acontecimientos mismos carismáticos que dieron origen a este impulso religioso. Trato de enmarcar estos hechos en una sencilla reflexión teológica sobre el valor eclesial de los mismos y el valor de la religiosidad popular en donde se generan las apariciones. Descubrir luego algunos servicios que se siguieron en la evangelización del siglo XIX y XX. Trato de ubicar luego la situación canónica de la Asociación dentro de la estructura eclesial evolutiva de los movimientos laicales.

En la segunda charla quiero evocar el contexto amplio de la riqueza carismática postconciliar en la cual nos estamos insertando de una manera dinámica y coherente, para caminar fraternalmente en la Iglesia de la Nueva Evangelización. Como enmarcarnos luego dentro de la gran Familia Vicentina a cuyo servicio la Santísima Virgen quiere que nos pongamos. Qué iniciativas valientes y creativas podemos soñar para una Asociación en salida misionera a fecundar el Vicentinismo y la Iglesia toda en cada sitio desde donde nos ubicamos para la Misión.

PRIMERA PARTE

[A.] María Santísima entrega un regalo a la Iglesia en la familia Vicentina: Su imagen de la Inmaculada y Los demás símbolos escriturísticos que la enriquecen mística y teológicamente.

Al mismo tiempo expresa su voluntad de crear una asociación de personas jóvenes que luego evolucionará en la asociación de las Juventudes Marianas. En un proceso paralelo se van gestando las Asociaciones de la Medalla Milagrosa que más tarde se unifican y que hoy están reunidas aquí para su primer Congreso mundial.

Las agrupaciones de las jóvenes se comienzan a realizar desde la década del 30 y se van extendiendo primero en Francia y luego en otros países donde trabajan las Hijas de la Caridad y los Misioneros Vicentinos.

Para apoyar esas agrupaciones y acompañar a los fieles en su devoción a la Virgen Inmaculada en la Medalla Milagrosa fueron naciendo las Asociaciones Laicales en coordinación con los Padres Vicentinos y las Hijas de la Caridad. En la madurez del crecimiento de ellas, muchos obispos comenzaron a pedir a la Santa Sede el erigir y aprobar de manera canónica dichas asociaciones. Fue así como en 1909 El Santo Padre Pio X proclamó el Decreto de institución y aprobación. En una historia más que centenaria la Asociación ha ido encontrando su puesto en los distintos documentos canónicos de la Iglesia hasta llegar a la aprobación de su existencia y Estatutos en 2010 dentro de la riqueza del Concilio Vaticano II, el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983 y demás documentos reglamentarios pertinentes.

Nos reúne aquí la vocación que portamos para promover la devoción de la Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa como servicio a la nueva evangelización dentro del marco histórico e Institucional que la Iglesia nos brinda hoy.

[B.] Se trata de una Revelación privada, CDC 66, 67, orientada a profundizar el dato revelado y ayuda a vivir con más plenitud la fe en una determinada época de la Historia de la Salvación. Es esencialmente diversa de la única revelación pública que exige nuestra fe.

En ese tiempo dicha revelación privada ayudó a impulsar el amor a la prerrogativa mariana de la Santísima Virgen en su Concepción Inmaculada que se venía creyendo y venerando desde los inicios de la Iglesia y que a los 24 años de las apariciones cristalizó en la definición dogmática de la Iglesia, 1854. La invocación, “Oh María sin pecado concebida” invadió la conciencia eclesial.

Al mismo tiempo impulsó y continúa enriqueciendo la conciencia eclesial sobre la Mediación mariana de las gracias y el puesto de María como corredentora del género humano.

Estas revelaciones provienen sobre todo de la religiosidad popular y se apoyan en ella. Le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. La espiritualidad y la manera de pensar y vivir de Sor Catalina era la de una mujer del pueblo campesino con su religiosidad práctica y sólida. El resultado de su experiencia encontró inmediata respuesta y sintonía con las grandes masas populares católicas que se nutrieron de sus enseñanzas y crecieron en el amor a Jesucristo y a la Virgen. “Son fruto del Evangelio inculturado que no podemos despreciar sin desconocer la obra del Espíritu Santo….son un lugar teológico al que debemos prestar atención particularmente a la hora de pensar en la nueva evangelización”. 126 EG. Nos lo señala el Papa Francisco de una manera clara y desafiante. Lo tendremos en cuenta para la segunda charla sobre la Nueva Evangelización.

[C.] Misión histórica de la Milagrosa. (P. José Ma. Román, Anales 1973)

A partir de aquella tarde en que una Hija de la Caridad recibió el mensaje de la Santísima Virgen, se puso en marcha un movimiento vigoroso que iba a tener repercusiones imprevistas e importantes: (a) En la historia de Francia y del mundo; (b) En la Iglesia; (c) En La doble Familia Vicentina.

a- Los acontecimientos socio políticos revelados en las Apariciones se dieron muy pronto y los cambios revolucionarios desatados en 1789 se continuaron y profundizaron extendiéndose a toda Europa en julio de ese mismo año y más tarde en la Comuna de 1871. Los fieles católicos y la jerarquía, en general devotos a la monarquía y al antiguo régimen, estaban amedrentados y desorientados. La presencia de María en sus vidas a través de la Santa Medalla se constituyó en un punto de referencia nuevo y sólido para navegar en un mundo que sería mejor aunque diferente. La Medalla no hacía referencia al Antiguo régimen que se estaba derrumbando, y si recordaba las bases sólidas de la Fe sobre la que se debería avanzar en el futuro que se estaba abriendo, para un nuevo camino de evangelización y misiones.

b - En la Iglesia la Medalla acompañó la nueva oleada misionera que el Espíritu suscitó en esa época revolucionaria y que el monje Camaldulense, Gregorio XVI, último Papa religioso hasta la llegada del actual Pontífice Francisco, supo impulsar y encauzar.

Además la conciencia de la cristiandad maduró las semillas que tenía desde antiguo sobre el dogma mariológico de la Inmaculada Concepción y acompañó con júbilo la proclamación de dicho dogma 24 años más tarde por el Beato Papa Pio IX.

c - En la doble familia Vicentina se dio un nuevo nacimiento de sus energías, de su espiritualidad, de sus vocaciones, enraizado todo en el trabajo de las familias y de la juventud femenina como resultado de las apariciones de la Rue du Bac. La Asociación de la Medalla Milagrosa, aun antes de su reconocimiento oficial en 1909, está ya presente animando e impulsando este renacimiento. El P. Etienne no dudó en hacer una lectura providencial de un fenómeno que él mismo acompañó desde el principio con el P. Aladel, y que luego como Superior General supo dinamizar y encauzar.

{D.} El marco jurídico de la Asociación es muy peculiar. Se trata de una Asociación de fieles laicos que recibe además Sacerdotes y religiosos y miembros de Vida Apostólica. No está bajo la jurisdicción del Consejo de Laicos, sino de la Congregación de Religiosos y vida apostólica.

Está presidida por el Superior General de la Congregación de la Misión, aunque para su apostolado diocesano se coordina con el Pontificio Instituto para las asociaciones laicales.

Se dio un camino largo de madurez en la Iglesia para la ubicación canónica de los laicos en el Código de Derecho Canónico. En el Código de 1917 no se aceptó todavía la realidad del asociacionismo del los fieles laicos. Por eso en parte se nos ubicó bajo la dirección de las Comunidades religiosas en la persona del Superior General Vicentino. Hubo que esperar el Concilio Vaticano II para que se encontrara un cauce adecuado a esta realidad de una eclesiología del Pueblo de Dios, con el protagonismo de los Laicos que hoy tenemos y desde donde estamos trabajando este Congreso Internacional.