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8 de junio de 1658

Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre el desprendimiento de los bienes terrenos. Es la segunda sobre el mismo tema. Tras las intervenciones de algunos sacerdotes y hermanos, Vicente dice que un motivo para entregarse completamente a Dios y desprenderse de los bienes terrenos, es decir del apego a los bienes, honores y comodidades de este mundo, es que sin ese desprendimiento la Congregación no hará nunca gran cosa y no será capaz de prestar gran servicio a Dios. Vicente añade que "por el voto de castidad, le hemos prometido a Dios renunciar a los placeres del cuerpo y del espíritu, por el de pobreza hemos renunciado a los bienes y comodidades de esta vida, al oro, al dinero y a las riquezas de la tierra, y por el voto de obediencia hemos renunciado a los honores, dignidades y alabanzas del mundo. Estos tres votos, o sea el de castidad, el de pobreza y el de obediencia, van a destruir y son opuestos a esos tres vicios que reinan en la tierra, de los que habla san Juan, a saber: la concupiscencia de la carne, la soberbia de la vida y la codicia de los ojos". Más adelante Vicente critica la actitud de un sacerdote que rechazaba una sotana porque no le quedaba bien, se refiere a que las conversaciones con mujeres deben ser breves y solo en caso necesario y de modo que los demás puedan verlo, al contrario de lo que hace un miembro de la Congregación que se reúne con una mujer en el locutorio por largo tiempo y dejando la puerta medio cerrada. También destaca la importancia de que las predicaciones se hagan con sencillez y humildad. Como medios para conseguir este desprendimiento, Vicente propone: 1º) la entrega a Dios de todo corazón, tomando la firme resolución de no apegarse a nada de la tierra, sino buscar siempre a Dios y jamás a uno mismo; 2º) por ser al día siguiente Pentecostés, unirse espiritualmente a la Virgen y los apóstoles y pedir insistentemente a Dios ser partícipes de su mismo Espíritu.