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6 de octubre de 1770

En París, en el seminario de San Fermín, muere el autor de una de las biografías más célebres de Vicente de Paúl, Pedro Collet. Nació en Ternay, en el departamento francés de Loir-et-Cher, el 31 de agosto de 1693. Habiendo entrado en contacto con la Congregación de la Misión por medio de los sacerdotes que dirigían el seminario de Mans, fue acogido en San Lázaro como diácono el 6 de septiembre de 1717. Tras ser ordenado, fue "regente" de filosofía en la Casa Madre y, en 1730, superior del seminario de Boulogne-sur-Mer. A petición del Arzobispo de París, Mons. Carlos Gaspar de Vintimille du Luc, el superior general, P. Juan Bonnet, lo destinó al seminario diocesano de San Fermín en París, del que fue superior de 1731 a 1736. Valorado como teólogo, el primer ministro, Cardenal Andrés Hércules de Fleury, le pidió que continuara el curso de teología interrumpido por la muerte, el 26 de diciembre de 1729, de Honorato Tournély, doctor de la Sorbona. En treinta años de trabajo, Pedro Collet añadió diecisiete volúmenes a los dieciséis con que ya contaba la obra de Tournely y compuso un resumen en siete volúmenes para su uso en los seminarios. Esta obra se convirtió en el libro clásico de los seminarios de Francia y también de Italia y Alemania. El éxito de la obra incluso aumentó ante los ataques que recibió de los jansenistas; como la carta que ciento nueve eclesiásticos de la diócesis de Troyes enviaron a su Obispo denunciándola como una fuente de error y corrupción. Trabajador incansable, Collet publicó otras cuarenta obras sobre diversos temas: teología, derecho canónico, ascética y biografías. Su obra histórica más célebre es "La vida de San Vicente de Paúl, fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad" que se publicó anónimamente en 1748 en Nancy y que comparada con la de Luis Abelly, añade algunos materiales recopilados con motivo del proceso de beatificación y canonización de San Vicente, sigue un orden cronológico, añade notas críticas y usa un estilo científico propio de la época, lo que la hace menos legible. A pesar de sus muchos trabajos, Collet encontró tiempo para dedicarse al ministerio de la predicación y la confesión.