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6 de noviembre de 1781

En París, hacia las nueve de la mañana, muere, con ochenta y un años, Antonio Jacquier, noveno superior general de la Congregación de la Misión. Hace veinticinco años que la XIII Asamblea General lo eligió, por treinta y tres votos contra tres, y la cuasi unanimidad deja entrever la excelente reputación de la que gozaba. De hecho durante la primera parte de la vida religiosa del P. Jacquier se da una ascensión continua en los cargos: director del seminario interno de Lyón; director del gran seminario de Manosque; visitador de la provincia de Lyón, y de la de Aquitania, visitador que da a las casas la impresión de ser la única de su circunscripción, de tanto como se dedica a cada una; asistente del superior general, P. Luis de Bras. Todas estas funciones exaltan los talentos eminentes del P. Jacquier. El P. Alexis Pertuisot, vicario general que aseguró el interregno hasta la elección, en 1788, del P. Félix Cayla de la Garde como sucesor del P. Jacquier, glosó, en su circular del 1 de enero de 1788, todas las cualidades del octavo sucesor de San Vicente que hicieron de él, en palabras del P. Pertuisot, el "ídolo de la Congregación". De hecho los Jesuitas no se equivocaban con este joven, originario de Saint-Héan, que fue alumno de su colegio de Lyón, cuando, por un tiempo, depositaron en él sus esperanzas; Antonio Jacquier pensó en ingresar en la Compañía de Jesús; pero pronto la atracción de la Congregación de la Misión fue mayor... Al inició de su generalato, en 1762, la atmósfera estaba envenenada por los filósofos y por la lucha socarrona de Voltaire contra la religión. Con su directivas, el P. Jacquier puso en guardia a sus hijos contra el contagio, tanto y tan bien que el árbol vicenciano continuó guarneciéndose de ramas nuevas. Mientras que en San Lázaro un reclutamiento abundante llenaba la Casa Madre que, por ejemplo, en 1775, contaba con setenta y cinco estudiantes y cincuenta seminaristas, la Congregación se encargaba de ocho nuevos grandes seminarios en Francia y cuatro en Italia. Con la supresión de los Jesuitas se le confiaban las misiones de Levante y China. El día de la muerte del P. Jacquier eran veintidós los establecimientos nuevos que se habían fundado. Entre las mayores preocupaciones de su generalato estuvieron las dificultades creadas a los misioneros con el reparto de Polonia y por el dey de Argel. Durante sus veinticinco años de gobierno se celebraron tres Asambleas generales y dos Asambleas sexenales; mil doscientos ochenta y cuatro sacerdotes o clérigos y cuatrocientos catorce hermanos hicieron sus votos en la Congregación. Durante ese tiempo fueron superioras generales de la Compañía de las Hijas de la Caridad, sor Lemaistre, sor Catalina Gest, sor Angélica Hesnard, sor Renata Malville, sor Magdalena Drouet y sor Renata Dubois, siendo directores el P. Joubert y el P. Bourgeat.