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31 de julio de 1860

En Aligade, Etiopía, en pleno desierto, bajo un calor tórrido, Mons. Justino de Jacobis, primer vicario apostólico de Abisinia, se siente al límite de sus fuerzas. Para evitar que su presencia desencadenase una lucha fratricida, provocada por el obispo cismático Salama, ha huido de Massaouah hacia la costa con dos de sus sacerdotes. Llevan dos días caminando y están cerca de Aligade, pero el obispo, físicamente, no puede más. Cura a uno de sus compañeros de ruta y anuncia que él mismo morirá en dos horas. Tras dar las últimas recomendaciones a sus sacerdotes y recibir la extrema unción, con los ojos fijos en el crucifijo y sentado, pronuncia estas palabras: "Dios viene". Y muere. Durante veinte años ha soportado los peores sufrimientos y convertido a doce mil herejes, fundado varios puestos de misión y ordenado a veinte sacerdotes indígenas, Ghebra Miguel entre ellos.