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30 de enero de 1623

Una religiosa de la Visitación de París, Clara María Amaury, que desde hacía siete meses blasfemaba y había estado a punto de suicidarse en varias ocasiones para, según decía, estar antes en el infierno y poder maldecir eternamente a Dios, y a la que hacía unos días, por decisión de la superiora, se le había aplicado un fragmento del roquete del Obispo de Ginebra, Francisco de Sales, fallecido el 28 de diciembre anterior, recupera en un instante la tranquilidad de espíritu y las fuerzas. Se conserva un atestado de Vicente de Paúl, realizado unos cinco años después, en el que da los detalles y declara que lo considera una curación milagrosa.