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30 de abril de 1659

Carta de Luisa de Marillac a la superiora del hospital de Nantes, sor Nicolasa Haran: "..., mis queridas Hermanas, ¿que podrían desear sobre la tierra para su salvación que no tengan? Son llamadas por Dios a emplear todos sus pensamientos, palabras y acciones para su gloria; para perfeccionarse en la práctica de sus consejos y no hacer nada contra sus mandamientos, y así, deben sospechar de todos los pensamientos que tengan de apartarse de las vías en que la obediencia las ha puesto, como sería, si les viene al espíritu: ¡Oh!, si estuviera en ese sitio o en tal otro, ¡Oh! ¡me parece que haría bien!... Estén seguras de que es un engaño y que harían más mal. Los espíritus que carecen del todo de fortaleza nunca hacen un buen fondo de virtud porque estas sacudidas les impiden habituarse a la obediencia y a la humildad, a soportar y la práctica de sus reglas. El diablo los tiene siempre en suspenso y estoy tan segura de esto, por tantos ejemplos que he visto en diversos lugares e incluso en Hermanas nuestras que por este medio han perdido la vocación, y otras han permanecido en el embotamiento y la cobardía que les ha hecho estancarse en sus malas inclinaciones y hábitos, que si un ángel viniera a decírmelo desde el cielo no estaría más segura".