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28 de junio de 1658

Conferencia a los misioneros paúles sobre el buen uso de las enfermedades, que es continuación de la tenida el 21 de junio. Vicente de Paúl, que no asistió a la anterior, llega a esta con media hora de retraso. Vicente pone fin a la conferencia comentando que lo que se acaba de decir le parece muy bueno y debe tratar de sacar provecho de ello. Sigue sosteniendo que para portarse bien en las enfermedades, se debe pensar que vienen de parte de Dios. Dice que las personas enfermas de la Congregación son una bendición para esta y para la casa. Recomienda castigar el cuerpo, cuando se tiene salud, por los pecados cometidos por uno mismo y por los que se cometen en el mundo. Vicente dice que querer ser cambiado de destino cuando se está enfermo es una falta y elogia a varios difuntos de la Congregación que no pidieron ser cambiados. Dice que buscar evitar las enfermedades que Dios quiere que se tengan es huir de la propia felicidad. Añade que lo anterior no impide que se puedan y deban usar los remedios temporales que se ordenen para el alivio y la curación de una enfermedad; hacerlo así es también honrar a Dios, que ha creado las plantas y le ha dado a cada una su virtud. Pero hay que evitar tener tanto amor de uno mismo que nos derrumbemos al menor sufrimiento. Vicente termina pidiendo perdón por las veces que no se ha aprovechado de sus enfermedades y ha dado mal ejemplo.