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28 de junio de 1646

Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad, el primero de ellos. Están presentes Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, el asistente de la Congregación de la Misión, P. Renato Alméras, y cinco hermanas: Isabel Hellot, como secretaria, Genoveva Poisson, Ana Hardemont, Juana Lepeintre y Juliana Loret. Vicente dice que el Consejo es para aconsejar sobre algunas necesidades y para ver cómo deben gobernarse. Vicente resalta la necesidad de invocar al Espíritu Santo antes de empezar, no preparar sus intervenciones antes del consejo sino decir sencillamente lo que Dios les inspire durante el mismo y mantener el más estricto secreto sobre todo lo tratado. Vicente explica que a la hermana sirviente, en este caso, Luisa, le corresponde proponer los asuntos exponiendo las razones a favor y en contra. A continuación cada una de las tres oficialas debe expresar su parecer dando las razones y la hermana sirviente, tras recogerlos, elegir el que le parezca más oportuno o, si no quiere seguir ninguno, decir que no terminarán ese punto hoy sino que habrá que pensar ante Dios. El primer asunto que se considera en esta ocasión es lo que se debe hacer con una de las hermanas más antiguas, Jacqueline, que ha prestado muchos servicios a los pobres, pero que está provocando muchos pequeños desórdenes y quejándose continuamente. Todos buscan formas de evitar estos desórdenes y que la solución no perjudique a la Compañía y Vicente concluye que no resolverán hoy. El siguiente asunto que se trata es el de una buena muchacha, la pequeña Catalina, que cuando se arrodilla apenas puede levantarse y tiene que apoyarse en las personas que se encuentra. Luisa de Marillac propone hacer de ella una maestra permanente que residiría en la casa dedicada al colegio. Las asistentes parecen apoyar esta opción. Vicente de Paúl se decanta por despedirla argumentando que puede que no se adapte o lo haga sólo por algún tiempo, y que podría aburrirse de hacer siempre lo mismo mientras las demás hacen cosas diversas. Dice que es mejor atenerse a las Reglas y no aceptar a personas que no son válidas para toda clase de empleos. Luego se buscan hermanas para varios destinos y se trata, sin llegar a decidir ese día, sobre la construcción de un locutorio para que quien venga a ver a una hermana no vea a las demás ni entre por la casa, pero sin rejas que podrían recordar a los conventos de religiosas.