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28 de diciembre de 1832

Mons. Jacinto Luis de Quélen, Arzobispo de París, pronuncia, desde el púlpito de la iglesia de San Roque de París, un emocionante sermón en favor de la Obra de Huérfanos de San Vicente de Paúl, para acoger a los niños que el cólera ha dejado huérfanos. El arzobispo está en peligro de muerte ya que las pasiones políticas lo han desterrado de París, y se sabe que entre la asistencia hay quienes tienen la orden de apuñalarlo; pero los amigos, entre los que está, vestido como un laico, el procurador general de la Congregación y futuro superior general, P. Juan Bautista Étienne, permanecen vigilantes. La elocuencia del arzobispo será tal que los odios quedarán desarmados, en la colecta se recogerán treinta y tres mil francos de la época y el arzobispo recuperará su libertad de acción.