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27 de febrero de 1656

Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad que se celebra en San Lázaro y en el que a los asistentes al del pasado día 19, es decir, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, dos hermanas antiguas y las tres asistentes, se une el P. Antonio Portail. Se vuelve a tratar el caso de la hermana que había sido trepanada y a la que se acordó despedir en la reunión anterior. Luisa expone el cambio de actitud de la misma y que ha negado que haya sido trepanada. Cuatro de las hermanas creen que el cambio puede deberse al temor de ser despedida y que quizás no hará gran cosa una vez tenga el hábito, por lo que consideran que no es apropiada. Otra hermana manifiesta que le da pena despedirla a causa de su buena voluntad. Luisa dice que por esta vez prefiere la misericordia a la justicia y darle el hábito con la condición de que, si no puede hacer los ejercicios de las Hijas a causa de sus enfermedades, no verá mal que se la despida. El P. Portail cree que no se le debe dar el hábito, por la pena que le daría si luego se la despide, y propone esperar a la primavera, en la que las enfermedades acostumbran a renovarse, para ver que ocurre. Vicente indica que le cuesta dar su voto en favor de la hermana y que encomendará el asunto a Dios, para lo que dirá la misa del día siguiente, pide al P. Portail que haga lo mismo y le dice a Luisa que en unos días le hará llegar su pensamiento al respecto. Dos o tres meses después la hermana saldrá de la Compañía por no haber sido encontrada apropiada y por persistir los motivos por los que no se le había dado el hábito. Vicente expresa el deseo de que se sea muy exigente al recibir en la Compañía a las jóvenes que se presentan y se escoja bien a las que son apropiadas. El siguiente tema es el nombre de la Hija que se enviará a Nantes para atender una botica, dado que los solicitantes se conforman con las condiciones. Se elige a sor Magdalena Raportebled y se descarta a sor Margarita Chétif, que por sus cualidades podría ser una segunda hermana sirviente, lo que podría originar problemas en la comunidad a la hermana sirviente actual, sor Nicolasa Haran. Se sigue considerando la forma de proceder en relación con una niña de los "Niños Abandonados" que se quiere hacer religiosa por un motivo importante, resolviéndose contárselo a las damas diciendo la falta ingenuamente, ya que, de querer disimularla, se sabría infaliblemente y Luisa sería acusada de duplicidad. Después Luisa habla de la gran utilidad que aporta la Compañía al hacer el colegio para las niñas pobres, que es una obra admirable y dice que Dios bendice el trabajo de las Hijas de la Caridad. Entonces Vicente manifiesta que mientras la Compañía tenga espíritu de humildad, de baja estima de si misma, se conservará y que por ello hay que amar el menosprecio que se hace no solo a cada una de ellas sino a la Compañía. Vicente dice que "al mismo tiempo que nos vaciemos de nosotros mismos, del deseo de aparentar, de ser estimados y respetados, Dios llenará nuestras almas de gracias y bendiciones, a cada uno en particular, para la perfección que le pide, y a la Compañía en general, para cumplir sus designios".