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26 de enero de 1933

En la enfermería de la Casa Madre de la Congregación de la Misión, por la noche, muere el superior general Francisco Verdier. Nació el 11 de marzo de 1856, en Lunel, diócesis de Montpellier. Fue recibido en la Congregación el 7 de diciembre de 1874 y ordenado sacerdote el 22 de mayo de 1880. Dedicó los treinta y cuatro primeros años de su vida sacerdotal a la formación del clero en los seminarios de Niza, Marsella, Montpellier, Roma y Noto. Mientras era superior de Montpellier publicó dos obras: la Revelación ante la razón, en la colección "Ciencia y Religión", y un manual de derecho público eclesiástico. En 1914, la XXVII Asamblea General lo designó como asistente del nuevo superior general Emilio Villette. Sucedió como vicario general al P. Alfredo Louwyck, tras la muerte de este el 17 de febrero de 1918. El 30 de septiembre de 1919, la Asamblea lo eligió superior general, el décimo octavo de la Congregación de la Misión. La Primera Guerra Mundial había puesto a prueba las obras y los miembros de la Congregación, pero el P. Verdier recuperó la vitalidad de la familia vicenciana. El 1 de enero de 1920, la Congregación contaba con tres mil ochocientos cinco miembros, trescientas treinta y seis casas y treinta y una provincias. El 1 de enero de 1933, los miembros eran cuatro mil setecientos setenta y tres, las casas, cuatrocientas seis y las provincias, treinta y seis. Para lograrlo el P. Verdier había fundado las Escuelas Apostólicas de Gentilly y Cuvry y resucitado las de Prime-Combe y Loos. Durante los trece años del generalato del P. Verdier la Compañía de las Hijas de la Caridad se instaló en el Congo, Australia, Vietnam, Indonesia y Honduras y el número de Hijas aumento en más de tres mil. En ese mismo tiempo se produjeron las beatificaciones de ocho hijos de san Vicente, la celebración solemne del tricentenario de la Congregación en 1925, y las fiestas del centenario de las Apariciones de la calle del Bac en 1930. También tuvieron lugar la XIV Asamblea Sexenal y la XXIX Asamblea General. En 1930 el Gobierno francés concedió al P. Verdier la cruz de la Legión de Honor en reconocimiento por sus servicios.