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26 de agosto de 1657

Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre el buen uso de los bienes de los pobres y de la comunidad, en la que explica el artículo décimo de las Reglas Comunes. Vicente dice que uno de sus mayores temores es que haya en la Compañía personas que no usen fielmente los bienes de los pobres, porque es tan difícil manejar bien el dinero, que hasta los más prudentes tienen dificultades para no apropiarse del dinero que no es suyo, incluso siendo santos, como los apóstoles. Cita que Judas, al que Nuestro Señor había elegido como administrador del dinero de su compañía, pensó que no sabía si esa compañía duraría y que parecía que no, por lo que debía reservarse algo para sus propias necesidades. Así es como el diablo empezó a tentarle: por la avaricia. Poco a poco fue acumulando dinero y entonces sintió repugnancia de las cosas santas hasta no soportar escuchar a Nuestro Señor, del que empezó a dudar si no sería un farsante y acabó teniéndolo por un falso profeta. Criticaba la Palabra del Señor, murmuraba de las acciones más santas, como la unción del Señor por la Magdalena, y cuando dijo que era mejor dedicar el dinero a los pobres pensaba en apropiarse de una parte. Fue a ver a los príncipes de los sacerdotes y les habló tan mal de Él que eso les animó a tentarle con vender a su maestro, lo que hizo. Después se arrepintió, fue a devolverles el dinero y se colgó. Vicente concluye:¡"Que miserable fin! este desgraciado reconoce su falta, pero es demasiado tarde". Vicente previene a las hermanas para que no les ocurra lo que a Judas y dice que, de ordinario, las que pierden la vocación es porque se han quedado con el bien de los pobres, aunque solo sea unos céntimos. Más adelante, Vicente explica que un motivo para quedarse dinero es comprarse alguna cosa, por ejemplo para vestirse mejor. Dice que para evitarlo, Dios ha inspirado que no se vistan ellas mismas sino que reciban de la superiora el hábito ya confeccionado. Vicente añade que si la gente se entera de que una hermana se ha quedado con dinero, se dirá que todas las Hijas son unas ladronzuelas y ya no se fiarán de ellas y las jóvenes que habrían querido entrar en la Compañía quedarán disuadidas. Vicente termina pidiendo a Dios que las Hijas sena fieles en la observancia de esta regla.