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25 de octubre de 1646

Consejo de la Compañía de las Hijas de la Caridad. El primer asunto tratado es la readmisión de una muchacha de Angers que, tras un año en la Compañía, sirviendo de ejemplo a todas las hermanas, tuvo una enfermedad mental y pidió salirse, pero al poco de volver a su tierra comenzó a pedir su readmisión, lo que ha seguido haciendo con insistencia. Vicente da como razones a favor de readmitirla: que parecería contrario a la caridad no hacerlo; que se salió por una enfermedad que le impedía juzgar libremente; que pronto se arrepintió y pidió con insistencia volver; el buen ejemplo que dio a la Compañía. Como razones en contra, Vicente dice que la experiencia enseña que, de los que se salen y vuelven a entrar, ninguno permanece y que lo ha visto en muchos casos. Vicente pide el parecer de los presentes: cuatro de cinco hermanas, el asistente de Vicente y la propia Luisa de Marillac se muestran a favor de readmitirla y Vicente concluye que, aunque estaría de parte de no admitirla, cede ante la mayoría. El siguiente asunto es la necesidad de cambiar a una de las hermanas que se ocupan de los galeotes porque tienen dos caracteres opuestos. Se decide enviar a sor Margarita Guyon como hermana sirviente, función que hasta entonces desempeñaba la hermana que se queda. A continuación Luisa plantea el despido de una hermana de Touraine cuyos padres serían influyentes, que desde el comienzo manifestó su desdén por el modo de vida de la Compañía, que cuando habla libremente deja ver que no está contenta, que antes de entrar estaba enferma y ahora vuelve a estarlo, resultando difícil encontrar algo que pueda comer y que, salvo un poco de costura, no hace ni quiere hacer nada. Como razones para no despedirla estarían la protesta de sus padres y el temor a disgustar al párroco que la envió. Vicente expone que la hermana no tiene ninguna vocación, que, por lo que conoce de su carácter, sus padres se habrán quedado a gusto de no tenerla con ellos y que, tal como vive, no hará nada con ellas mientras que en el mundo puede que haga algo y se salve. Todos son favorables al despido y Vicente, ante la pregunta de Luisa, dice que se debe escribir a los padres y al párroco diciéndoles que en cuatro o cinco días se la enviarán; a la madre se le dirá que está enferma y al párroco todo lo que pasa. Advertido que al hacerlo tan pronto el viaje será a costa de la Compañía, Vicente replica que es mejor así que mantenerla por más tiempo. El último asunto es si se admite a una joven de Angers que asiste a los enfermos con las Damas de la Caridad y tiene un gran deseo de darse a Dios en la Compañía; que es fuerte, hábil, con espíritu y esperanza buenos; pero padece una especie de epilepsia, que no obstante no le afecta a menudo. Vicente señala que esta enfermedad puede agravarse con la edad y requiere dispensa para poder ser ordenado, aunque, por ser mujer, esto no sea tan importante, y añade que sabe que no sería recibida en ninguna comunidad bien reglada. Por otro lado sostiene que puesto que está haciendo bien donde está conviene dejarla allí, ya que la tentación más común de los que hacen algo bien en el mundo es que lo que han dejado valía más que lo que tienen, por lo que a menudo se salen. Todos creen que no se la debe admitir, si bien tanto el asistente como Luisa piensan que la enfermedad no es un obstáculo y la razón que prevalece es que conviene dejarla donde está.