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25 de octubre de 1643

En la repetición de oración, Vicente de Paúl, hablando de las misiones que van a comenzar, dice: "Pues bien, lo más importante de nuestra vocación es trabajar por la salvación de las pobres gentes del campo, y todo lo demás no es más que accesorio; pues no hubiéramos trabajado nunca con los ordenandos, ni en los seminarios de eclesiásticos, si no hubiésemos juzgado que esto era necesario para mantener al pueblo y conservar el fruto que producen las misiones cuando hay buenos eclesiásticos". Vicente rechaza que la edad sirva de excusa para no ir a las misiones porque siempre se puede predicar dos veces por semana en vez de todos los días y hablar familiarmente a un grupo en lugar de desde un púlpito si la voz lo requiere. Dice que se podría alegar que se acortan los días de vida y se pregunta si es una desgracia que una esposa exiliada se reúna con su esposo o un viajero se aproxime a su país o que los que navegan se acerquen al puerto y si hay miedo de que llegue algo que no sabríamos desear bastante y que solo llega demasiado tarde. Por último se dirige a los hermanos para decirles que la obligación de trabajar por la salvación de los pobres no es solo de los sacerdotes, pues la misma obligación que tenía la cabeza de Nuestro Señor de llevar la corona de espinas, la tenían los pies de soportar los clavos, por lo que una y otros compartieron la gloria.