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25 de junio de 1939

En Roma, en la basílica vaticana, se da lectura al decreto que inscribe a Mons. Justino de Jacobis entre los Beatos. El texto, retomando los gloriosos títulos que el Cardenal Massaja le había otorgado, saluda en el nuevo beato, al "fundador de la misión de Abisinia, el Apóstol infatigable del África oriental, el maestro de los misioneros, el ejemplo típico de la fuerza y abnegación necesarias para el progreso de las Misiones, el Ángel de la Iglesia de Etiopía". Y esta Iglesia se hace presente por medio de los seminaristas etíopes del Vaticano. Por la tarde, el primer asistente de la Congregación de la Misión, P. Eduardo Robert, en representación del superior general, P. Carlos Souvay, que se encuentra indispuesto, ofrece al papa Pío XII, que ha acudido a la basílica para venerar las reliquias del nuevo beato, los presentes tradicionales, entre los que se encuentra un artístico relicario de mármol y metales preciosos.