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24 de octubre de 1659

Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre la obligación de advertir al superior de las faltas notables y de las tentaciones del prójimo, continuación de la del 17 de octubre, en que se sigue tratando del artículo 16 del capítulo II de las Reglas Comunes, sobre la comunicación de las propias penas o tentaciones notables, y se aborda también el artículo 17, que dice: "Y dado que Dios quiere que cada uno cuide de su prójimo y que, por ser todos miembros de un mismo cuerpo místico, debemos ayudarnos los unos a los otros, desde que uno sepa que otro sufre una fuerte tentación, o que ha cometido alguna falta notable, inmediatamente, animado del espíritu de caridad, procurará, del mejor modo que pueda, que el superior aporte a estos dos males, como es debido y en el tiempo requerido, los remedios convenientes. Y a fin de que se pueda avanzar mejor en la virtud, cada uno encontrará bueno y aceptará que, en el mismo espíritu de caridad, sus faltas sean reveladas al superior por quien quiera que las haya observado fuera de la confesión". Vicente da como razones para estas reglas: que durante sus cinco primeros siglos la Iglesia practicó la confesión pública, que los santos lo hacen y que en muchas órdenes religiosas se ha retenido la práctica de acusarse públicamente y pedir que se les advierta, lo que la mayoría de ellas hacen en el capítulo; que el que no descubre sus faltas y no acepta que se descubran sus faltas se queda sin socorro; que es el único medio del superior para gobernar bien una compañía y poner remedio a los males y faltas de los particulares; que las ilusiones y tentaciones no se pueden guardar mucho tiempo porque corroen por dentro y antes o después se perece. Vicente plantea que se deben comunicar al superior aunque se piense que no dirá más que lo que ya sabemos, pues nuestros pensamientos son pensamientos de hombres mientras que los del superior son pensamientos y avisos de Dios, que ha dicho "quién a vosotros oye, a mi me oye", y ello aunque el superior sea un pecador como nosotros e incluso cien veces más, ya que hace las veces de Nuestro Señor, que dijo de los sacerdotes de la antigua ley, que se hiciera lo que dijeran, aunque no hubiera que hacer lo que hacían. Vicente dice que los Jesuitas sostuvieron con éxito ante el papa Gregorio XIII que la comunicación al superior de las faltas del otro no es contraria a la máxima evangélica sobre la correción fraterna a solas con el hermano y explica cómo debe hacerse la comunicación: ponerse ante Dios y pedirle que nos de a conocer si hay falta, si se sabe con certeza pues si hay duda no debe comunicarse, si es importante y las veces que se ha cometido y si se siente aversión a la persona cuya falta se comunica porque hay que advertirlo a la vez. Vicente dice que el superior debe comportarse no como un juez, sino como un buen padre, con dulzura y cordialidad. Finaliza pidiendo perdón a Dios y a la Compañía y que recen por él.