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22 de mayo de 1657

Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre la elección de las oficialas. Vicente comienza diciendo que el tema de la conferencia es la práctica de una de las reglas de la Compañía, que debe hacerse todos los años el día siguiente a Pentecostés y que el año pasado no se hizo aunque no recuerda la razón; dice que seguramente fue por su causa al igual que lo es que se haya retrasado un día en este ocasión. Sigue exponiendo los motivos para elegir bien a las oficialas y, entre ellos, cita que todo el bien y todo el mal de la Casa depende de la superiora y de las oficialas. Pasa a considerar las cualidades para ser oficiala: gozar de buena salud es deseable, pero no es imprescindible; tener un espíritu bien formado, ser prudente, paciente, mansa, juiciosa, razonable, no dejarse arrastrar por la pasión y no ser variable. Ser buena cristiana, con temor de Dios y que haga exactamente todo lo que este ordena. No tener ambición y haberse observado en ella un espíritu de sencillez, un gran celo en el servicio al prójimo y sobretodo por la salvación de los pobres. Ser virtuosa, modesta en su tocado y en su forma de caminar por la calle, no ser afectada en sus vestidos ni llevar nada que indique particularidad, haber sido buena Hija de la Caridad en todos sus empleos. Finalmente, amar la exactitud de las reglas, afligirse con las faltas de las hermanas, tratar de ayudarlas a corregirse, tener celo por la obediencia y no faltar a ninguna observancia. No vale para ser oficiala la que no tenga humildad, no sea amiga del desprecio y enemiga del honor. Tampoco la que busque siempre el aplauso, la alabanza y que se hable de ella. Vicente indica que, imitando el modo en que los apóstoles procedieron para elegir al sustituto de Judas, él propondrá dos nombres para cada uno de los tres cargos a elegir: asistente, tesorera y despensera. Entonces pronuncia una oración y aclara que solo votarán las hermanas con cuatro o más años de pertenencia a la comunidad. Dice los nombres de las candidatas propuestas, pero antes advierte que otras que podrían haber sido elegidas no lo han sido porque se las necesita en otros lados. Entonces llama una por una a las hermanas con derecho a voto para que se acerquen y digan en voz baja a quienes eligen. Resultan elegidas sor Juana de la Croix como asistente, sor Genoveva Poisson como tesorera, y sor Magdalena Ménage como despensera. Una de las oficialas salientes se pone de rodillas y pide perdón por las faltas cometidas y el mal ejemplo dado a la comunidad. Vicente lo aprueba y, entonces, las otras dos oficialas hacen lo mismo. Vicente les pone como penitencia que recen las letanías del Santísimo Nombre de Jesús y oigan misa al día siguiente para obtener de Dios la gracia que necesitan las recién elegidas para comenzar bien a desempeñar sus cargos.