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22 de marzo de 1933

En la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, en presencia del Arzobispo de París, Cardenal Juan Verdier, y de numerosas hermanas y misioneros, los dos médicos de la Casa Madre y el de Reuilly constatan que el cuerpo de sor Catalina Labouré está intacto y con sus miembros flexibles. Se extrae el corazón que es destinado a la casa de Reuilly, donde vivió y murió Catalina, y el cuerpo se coloca en un ataúd que se situará en la sala del Consejo en espera de la ceremonia de beatificación.