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21 de febrero de 1659

Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros sobre la búsqueda del Reino de Dios y su justicia, en la que continúa la explicación del capitulo II de las Reglas que comenzó con la conferencia celebrada siete días antes. El artículo 2 de dicho capítulo dice, con Jesucristo, "busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas que necesiten se les darán por añadidura". Vicente se detiene en la explicación de los distintos conceptos contenidos en la regla y dice que no basta con hacer que Dios reine en los misioneros, sino que estos deben desear y procurar que "el Reino de Dios sea llevado y extendido por todas partes, que Dios reine en todas las almas, que no haya más que una verdadera religión sobre la tierra y que el mundo viva de modo distinto al que vive, por la fuerza de la virtud de Dios y por los medios establecidos en su Iglesia, en fin, que su justicia sea tan bien buscada e imitada por todos con una santa vida, que Él sea perfectamente glorificado en el tiempo y en la eternidad". Luego pasa a considerar los motivos para entregarse a Dios con este fin: 1º) no solo la regla obliga a ello sino que Jesucristo lo manda; 2º) la promesa del Señor de que, si nos ocupamos de sus asuntos, Él se ocupará de los nuestros; 3º) Dios cuida de los pájaros y de las hierbas del campo; 4º) la regla se refiere a la confianza en la Providencia divina, teniendo por seguro que, mientras el misionero se mantenga firme en su caridad y en esta confianza, estará siempre bajo la protección de Dios y no le ocurrirá ningún mal, ni ningún bien le faltará. Respecto a este último punto, Vicente aclara que los superiores, actuando como instrumentos de la Providencia, tienen obligación de velar y proveer a las necesidades de los sacerdotes, clérigos y hermanos de la Congregación. Vicente pasa después a considerar los medios para practicar la regla y cita: la petición incesante a Dios unida a la puesta en práctica de las virtudes que comporta, de celo por su gloria, desprendimiento de las criaturas y confianza en el Creador; y lo que la misma regla establece de que cada uno preferirá las cosas espirituales a las temporales, el alma al cuerpo, Dios al mundo, y escogerá la escasez, la infamia, los tormentos y la misma muerte antes que ser separado de Jesucristo.